El director catalán Pere Vilà i Barceló presenta Cuando el río se convierte en mar en Karlovy Vary
El director de cine Pere Vilà i Barceló asistó al Festival de Cine de Karlovy Vary para el estreno mundial de su película Cuando el río se convierte en mar (Quan un riu esdevé el mar), que acompaña a una mujer que fue atacada sexualmente. Para realizar esta obra, el cineasta entrevistó a más de cien víctimas y decidó no utilizar un guion. Un trabajo de años que, según sus palabras, lo ha transformado.
Estamos aquí en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary junto a Pere Vilà i Barceló. Y estamos aquí porque estás presentando de forma mundial este film "Cuando el río se convierte en mar" ("Quan un riu esdevé mar"). Pero no es la primera vez que estás en Karlovy Vary. ¿Cómo se siente estar de vuelta?
Me siento muy bien, por supuesto. Y quizá mejor incluso. Han pasado 13 años desde la otra película, que era muy diferente. El proceso que he vivido para hacer esta, te diría que a nivel personal más que cinematográfico, me ha llenado mucho. Por eso me siento muy feliz de que me hayan seleccionado y de estar aquí de nuevo.
No sé, es muy especial. Quizá porque han sido ocho años de trabajo en este proyecto, y por el tema que trata. Estoy muy contento.
Una película sin guion
La lapidación de Saint Étienne (la película que también compitió por un Globo de Cristal en 2012), por lo que tengo entendido, tuvo muy buen reconocimiento en su momento. Así que esperemos que le vaya parecido, o incluso mejor, a esta película.
Vos sos el director, por supuesto, pero también podríamos decir que antes que director, sos guionista, ¿verdad? O al menos ese ha sido tu camino profesional.
Sí, a decir verdad, sí. Empecé hace ya muchos años escribiendo guiones. Pero desde que empecé a dirigir, siempre he dirigido mis propios guiones.
Y en este caso, hablando precisamente del guion, ha habido un proceso muy diferente. Para esta película no existe un guion en su totalidad. No lo he escrito de la manera típica: “Secuencia uno, exterior día…” Eso no me interesaba.
Y no me interesaba por un motivo creativo. Puede parecer obvio, pero hablando con los actores y actrices —excepto con la protagonista, que está en todas las secuencias y sí tenía todos los diálogos—, los demás solo tenían sus propios diálogos.
Desde mi punto de vista, no tenían por qué saber qué le pasaba al personaje de Gaia cuando está sola. En qué momento ella puede contar, por ejemplo, que ha sido violada. ¿Quién sabe eso? ¿Por qué en ese momento? ¿Qué le ha pasado antes?
No me parecía correcto que todo estuviera escrito en un guion, simplemente porque eso es lo convencional. Por eso mi proceso como guionista me ha llevado a no escribir un guion completo para hacer esta película.
Condensar la historia de más de 100 víctimas entrevistadas
Muy interesante. Justamente quería preguntarte también cuál fue tu motivación para contar esta historia y si nos puedes adelantar un poco sobre ella.
Mira, ya el proyecto anterior trataba los trastornos alimenticios, y estuve un año trabajando con adolescentes en un instituto.
Al terminar ese proyecto, fui a otro instituto. Empezamos a hablar también sobre cine y, de repente, surgió el tema de la violencia machista. Salían muchas noticias en prensa sobre violaciones, agresiones sexuales…
Y al final de una clase, unas chicas se me acercaron y me contaron que una amiga suya, que estaba en ese instituto, tenía 14 años y había sido violada. Me preguntaron si podían hablar conmigo.
Y a partir de ahí te diría que nace el proyecto. Es el punto de detonación. Empecé a contactar con más mujeres, y al final he entrevistado a más de cien.
He tenido conversaciones de horas con cada una de ellas. Mujeres que han sufrido violaciones, todo tipo de agresiones sexuales, maltrato psicológico...
Desde chicas jóvenes con sus parejas, hasta mujeres casadas y con hijos que sufrían violencia en casa. Incluso casos en los que los hombres lograban poner a los propios hijos en contra de la madre.
Todo eso fue formando capas y capas en este guion imaginario que te decía que no escribí, pero que me fue dejando una huella enorme.
Al mismo tiempo, me iba cambiando y me sigue cambiando como persona. Como te dije, han pasado ocho años desde que esto empezó, y mi modo de ver, entender y analizar las cosas ha cambiado.
Como hombre, tratar este tema ha requerido un proceso personal que además debe continuar.
De film a serie documental
Es un tema muy sensible, por supuesto. Hay otras películas en el festival que también abordan esta problemática. Por ejemplo, hay una película checa, Sbormistr, muy interesante. Pero a la hora de recomendarla a otro, uno siente una cierta limitación, porque la historia es muy triste. En tu caso, estamos también ante un tema complejo. Mi pregunta es: ¿qué esperarías del público que verá esta película? ¿Qué mensaje te gustaría dejar o qué proceso esperas que inicie en las personas?
Sinceramente, me gustaría que de algún modo sirviera como herramienta de concienciación. Que sirva para debatir. Que alguien, aunque sea una sola persona por proyección, abra los ojos.
Eso es lo más importante para mí. En todo este proceso he sentido que está muy bien hacer películas, pero necesito añadir un plus de responsabilidad al cine.
No siento que sea suficiente simplemente contar una historia, cumplir los estándares de hacer una película, estrenarla en un festival y ya está.
¿Y qué le estamos devolviendo a la sociedad? Especialmente con películas que a veces tienen presupuestos enormes, ¿no?
Eso es lo que realmente me gustaría.
Y ya que lo preguntas: con mucho del material que sobró del rodaje —y con cosas que estoy rodando ahora— estamos preparando con la productora Fromzero Cinema unos seis o siete documentales.
Queremos dar nombre y rostro a personas concretas, porque en prensa muchas veces solo vemos cifras.
Y también queremos ver si podemos llegar a crear algún tipo de proyecto educativo que entre en las aulas, que pueda hablar con la gente joven, o no tan joven.
¿Esto sería en España, en Cataluña?
O donde sea que haya interés. Es tan fácil como subtitular los documentales. La película ya está subtitulada.
Es un proyecto educativo que se puede mover donde alguien tenga la voluntad de hacerlo.
Y eso también es difícil: adquirir la voluntad de que las cosas cambien.
Por eso, la respuesta más concisa a tu pregunta es que espero que sirva en algún momento como herramienta de concienciación social sobre la violencia machista y todo lo que ello implica.
"Tenía que jugármela"
Hablamos del guion —o no guion—, hablamos del objetivo que te gustaría cumplir con esta película… Otro tema que quería mencionar era el del formato. Me llamó la atención que, en esta era en la que se supone que hay una crisis de atención, con pantallas, relojes inteligentes y demás, has hecho un largometraje de unas tres horas.
¿Cómo planteas esta película para una audiencia que, supuestamente, está distraída?
Es un reto, por supuesto. Pero, como decía antes, si se pretende cambiar algo, no va a ser fácil. Y menos en el momento actual.
Todo tiene que ser rápido, inmediato. Todo el mundo cree que entiende las cosas a la primera.
Pero entender no es lo mismo que comprender. Comprender requiere de un proceso más largo.
Y es en ese proceso más largo donde yo siento que es necesario el tiempo.
Al principio de este proyecto, yo tenía conversaciones de horas con una sola mujer. ¿Cómo podía censurarme a mí mismo el tiempo, pensando que la película debía durar 90 o 120 minutos, como marca el estándar para plataformas o salas de cine?
Eso me parecía absolutamente injusto, por lo que yo estaba viviendo y por lo que esas mujeres habían vivido.
Desde el principio dije: "Esta película va a durar lo que tenga que durar."
De hecho, el primer montaje —y es ficción— era de 30 horas. Luego pasamos a 10 horas.
Fui trabajando más de 100 versiones de montaje.
Y cuando nos acercamos a las tres horas, sentí que se producía un equilibrio entre lo que se cuenta —lo que se puede entender racionalmente— y lo que se siente —el paso del tiempo, lo emocional.
No sé por qué... aunque sí lo sé: el tiempo hoy en día lo percibimos como algo que va en nuestra contra.
Siempre vamos mal de tiempo. No tenemos tiempo para pensar o reflexionar.
Hemos convertido el tiempo en algo negativo.
Pero en este caso, tenía que jugármela. Tenía que dar el tiempo necesario para contar lo que se tenía que contar.
Y como herramienta de concienciación, eso implica también aceptar el reto de que no va a ser rápido.
Cualquiera que haya vivido algo así, hombre o mujer, o lo haya vivido de cerca, sabe que eso no se supera en 90 minutos.
Tampoco podía hacerlo a tiempo real —no podía hacer una película de cinco años—, pero sí podía diluir el tiempo para que hubiera esa sensación sin que el tiempo pesara negativamente.
Creo, desde mi punto de vista, que se ha conseguido un equilibrio.
Y por tanto, el paso del tiempo en la película no es algo lento o contemplativo, sino que es permanente.
Y ahí es donde creo que al final el montaje de tres horas funciona.
Hablando de tiempo, creo que los del festival nos van a cortar, lamentablemente. Así que te agradezco muchísimo, de nuevo, por la entrevista. Y todo lo mejor para la película.
Gracias a ti, muchas gracias por tu interés.








