La marcha de la muerte de Brno, 80 años de un oscuro capítulo de la historia checa
Apenas un mes después de ser liberada Brno, en la noche del 30 al 31 de mayo de 1945, se expulsó a la numerosa población alemana de la ciudad. En condiciones inhumanas, se calcula en unos 1700 los ancianos, mujeres y niños que perdieron la vida camino de Austria.
Eran unos 50.000 los ciudadanos de habla alemana de Brno antes de la Segunda Guerra Mundial, esto es, una quinta parte de la ciudad. En la entonces Checoslovaquia la proporción era incluso mayor, con tres millones de personas que, después de que la Alemania nazi perdiera la Segunda Guerra Mundial que ella misma había iniciado, hubieran colaborado o no, iban a pagar las consecuencias con su expulsión del país y la pérdida de sus casas, sus empresas, sus granjas y casi la totalidad de sus pertenencias.
Aunque esto, según avanzaba el mes de mayo de 1945, aún no lo podían saber.
En Brno, hace exactamente 80 años se produjo uno de los primeros pero más trágicos capítulos de la expulsión de los alemanes de Checoslovaquia, que se completaría a lo largo de 1946.
El historiador de la Universidad Masaryk de Brno, Tomáš Dvořák, describió a Radio Praga Internacional el estado de ánimo en el país en aquel histórico mes de mayo de 1945.
“En toda la República y, no puede sorprendernos que también en Brno, había una postura muy radical, muy negativa, contra los alemanes, y había toda una serie de razones para ello. Por supuesto, era importante la frustración general con los acontecimientos políticos anteriores, es decir, con los Acuerdos de Múnich del 38; luego con la ocupación, con la propia vida durante la ocupación y, de hecho, la violencia que se desplegó y que fue en aumento hacia el final de la guerra. Así que, con todas las dificultades que trajo consigo la guerra, y especialmente su final, los ánimos, por supuesto, no eran buenos”.
La liberación de Brno por parte del Ejército Rojo se completó el 26 de abril, cuatro días antes del suicidio de Hitler en Berlín. Las muestras de animosidad contra la población alemana se empezaron a producir casi inmediatamente.
“El 3 de mayo llegó a Brno el capitán Bedřich Steiner, que era un enviado del gobierno de Košice, y que ya en el Comité Nacional compartía soluciones relativamente radicales sobre la minoría alemana en Checoslovaquia. Según testimonios, el plan para expulsar a los alemanes nació ya durante la ocupación, y como la situación en Brno se volvió muy complicada por los daños causados a las viviendas y no llegaban suministros, todo hizo que los planes se aceleraran. Así que también lo apoyaron algunos ministros del Gobierno que llegaron a Brno el 7 de mayo. Probablemente no todo el mundo tenía exactamente la misma opinión al respecto, pero había voces radicales”.
Con la derrota del ejército nazi, que había ocupado Checoslovaquia y reprimido a sus ciudadanos desde 1939, en el aire había un sentimiento envenenado para ajustar cuentas.
“Por supuesto, también sucedió que numerosos ciudadanos alemanes fueron arrestados e internados en campos que se establecieron aquí inmediatamente después del final de la guerra. Probablemente, el ejemplo más famoso sea la residencia de Kounice, que se convirtió en un lugar de venganza. Durante la ocupación, la residencia de Kounice fue un escenario del terror nazi, donde fueron ejecutados en masa combatientes de la resistencia checa y ciudadanos checos en general y se daba un trato inhumano a los prisioneros. Pero cuando acabó la guerra, las tornas cambiaron e incluso participaron en ello algunos de los antiguos prisioneros. Pero en realidad había muchos más lugares así en Brno. Es interesante que tengamos varios testimonios checos, tanto oficiales como de particulares, sobre las condiciones que allí reinaban, que eran realmente muy crueles”.
Pero una cosa es cuando la población a nivel local se toma la justicia por su mano y otra que sean las propias autoridades las que de manera oficial decreten algo como la expulsión de una parte de la población autóctona. Hoy día eso recibe el nombre de limpieza étnica, pero por aquel entonces aún no había sido acuñada la expresión, que procede de la Guerra de los Balcanes de la década de los 90.
La expulsión de la población germano parlante tras la Segunda Guerra Mundial finalmente se produjo, especialmente en Polonia y Checoslovaquia. Pero en un principio no parecía una solución tan obvia.
En Brno, la presión de la calle y una incipiente rivalidad entre partidos políticos apresuró la decisión.
“Al final, fue el Partido Nacional Socialista el que tomó la iniciativa e inició el primer decreto en el Comité Nacional Provincial, que luego fue confirmado por decreto del Comité Nacional en la ciudad, a pesar de que el entonces director de la policía de Brno, Josef Babák, intentó disuadirles porque sospechaba que conduciría a una tragedia. Pero los nacionalsocialistas, en su competición con los comunistas, que no quisieron quedarse atrás, sobre quién impulsaría la idea y la realización de la marcha, llegaron al acuerdo. Para ello, la presión de la población radicalizada jugó un papel muy decisivo. Y así, en la noche del 30 al 31 de mayo, se congregó a la población alemana para que salieran expulsados de Brno a la mañana”.
Los expulsados eran básicamente mujeres, niños y ancianos, explica el historiador Tomáš Dvořák.
“En el decreto se estipulaba que los hombres en edad productiva permanecerían por el momento en Brno, serían ubicados en un campo y continuarían siendo utilizados principalmente para trabajos de limpieza y desescombro mientras que el resto de la población sería deportada de Brno. Pero, en cualquier caso, ancianos, niños y mujeres eran la gran mayoría, porque la mayoría de los hombres aún no había regresado del frente o del cautiverio”.
Fue en esa madrugada del 31 de mayo cuando comenzó el calvario de miles de personas en una marcha que se convirtió en una lucha por la supervivencia.
“Hoy seguramente lo calificaríamos como una catástrofe humanitaria. Todo se hizo a gran velocidad con una mínima preparación. No había comida, ni suministro de agua, etc. Todo se resolvió, nunca mejor dicho, sobre la marcha, y ese fue una de las causas de la tragedia. Luego está, por supuesto, la violencia que iba a acompañar la marcha. Hasta el día de hoy no hay un consenso total sobre su magnitud, pero probablemente sí hay consenso en que la gran mayoría de las víctimas lo fueron, en realidad, por el agotamiento de la marcha y, sobre todo, la disentería, una enfermedad intestinal combinada con una atención médica completamente inadecuada, sobre todo en el campo de emergencia de Pohořelice, en el que cada día morían decenas de personas y, al final, fueron cientos, claro está. Y luego otra cuestión fueron las víctimas que murieron en Austria o en los alrededores de Pohořelice o Mikulov, pero especialmente en el lado austriaco, en el que se calculan en más de mil los muertos”.
A día de hoy, las cifras más consensuadas de víctimas mortales apuntan a 170 durante la marcha desde Brno a la frontera austriaca. En el campo de Pohořelice y alrededores fallecerían 459 debido a, especialmente, la disentería. A estos habría que sumar 1062 fallecidos más ya en territorio austriaco. En total, casi 1700 personas.
Otros corrieron una suerte muy distinta. De esos campos de emergencia Rajhrad y Pohořelice, muchos fueron liberados y enviados de vuelta a Brno.
“Un hecho importante es que después del primer día de marcha, primero en Rajhrad y luego en Pohořelice, se estima que entre 2500 y 4000 personas fueron enviadas de regreso a Brno. Cuando llegaron los representantes del Comité Nacional, crearon una comisión que investigó casos particulares. Y los que resultaron finalmente ser checo-alemanes o, simplemente, checos, fueron enviados de regreso a Brno”.
El resto fue poco a poco avanzando en su destierro, corriendo desigual suerte.
“La mayoría, naturalmente se dirigió a Viena, donde muchas personas tenían conocidos, parientes, etc. Mucha gente se quedó en algún punto del camino, incluso en territorio moravo, que se quedaron allí trabajando para algunos agricultores locales y vivieron allí hasta la expulsión regular de alemanes de 1946, pero entonces fueron enviados a Alemania. Otras personas se quedaron en territorio austriaco a lo largo del camino pero, como sabemos, los austriacos entonces no veían con muy buenos ojos la afluencia de refugiados procedentes de Checoslovaquia, así que algunos sí que se quedaron en Austria y se involucraron de alguna en el mercado laboral ganándose la vida, pero un gran número, la mayoría, fueron deportadas a Alemania a través de Melk u otros campos en Austria, llegando, principalmente a Baviera o Suabia”.
Cerca de Pohořelice, sobre una fosa común, se erige un monumento en memoria de las víctimas de la marcha de la muerte de Brno con la inscripción: “Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, muchos habitantes de habla alemana de Brno y sus alrededores perdieron la vida. 890 víctimas están enterradas aquí. Los recordamos”.
El 19 de mayo de 2015, el Ayuntamiento de Brno aprobó la “Declaración de Reconciliación y un Futuro Común” en el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.
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