Entre citas de Borges, tangos, Tigre y cuervos: el último adiós al papa de todos
Mientras el mundo entero, incluyendo también una delegación checa, despide al papa sensible, austero, humilde, empático y futbolero en el que creían hasta los agnósticos, su editora y amiga; y, por otro lado, un ferviente hincha que cumplió el sueño de entregarle en mano la camiseta de su club, nos cuentan, de primera fuente, de qué hablamos cuando hablamos de Francisco.
Entre las múltiples, sinceras y sentidas palabras con las que, en todo el mundo, se lo despide al papa Francisco, empezó a aparecer con cierta recurrencia una idea que refiere a su espíritu extraordinariamente inclusivo y podría resumirse del siguiente modo: quizás ni siquiera era necesario creer en Dios para poder creer en Francisco.
Además de la presencia este sábado en su funeral en la Basílica de San Pedro del primer ministro checo Petr Fiala, el cardenal Dominik Duka, el obispo de Praga Zdeněk Wasserbauer, el arzobispo de Olomouc Josef Nuzík y el obispo de la diócesis de Hradec Králové, Jan Vokál, la resonancia que tuvo en Chequia la muerte del primer papa latinoamericano de la historia muestra que su figura logró calar hondo incluso en una de las sociedades más ateas del mundo.
Por otro lado, aunque Chequia no fue uno de los sesenta y seis países que visitó durante su pontificado entre 2013 y 2025, desde su convalecencia en el Vaticano el papa envió un mensaje a los participantes del Peregrinaje Nacional Jubilar de la República Checa, que tuvo lugar en Roma en marzo de 2025, destacando la importancia de ser "testigos de paz y esperanza en un mundo que tanto lo necesita, también en Europa". En aquella oportunidad Francisco resaltó además la rica tradición cristiana de Chequia, iluminada por figuras como los santos Adalberto, Cirilo y Metodio.
La editora del libro del casi papa
Una de las personas que puede dar cuenta de la inclusión y apertura de Francisco es la editora argentina Florencia Cambariere, quien cultivó en los últimos años una profunda amistad con él, surgida nada menos que de la idea de publicarle un libro.
“Conocí al entonces Jorge Bergoglio en el año 2009: estaba buscando ideas para libros como siempre hacemos los editores, trabajando yo en ese momento en Penguin Random House y él había sido el segundo más votado en el cónclave que consagró a Ratzinger como papa, y yo pensé cómo puede ser que tenga un libro un casi papa. Entonces, a través de gente en común, lo contacté y le salí justo al cruce porque él estaba manteniendo un diálogo interreligioso con el rabino Abraham Skorka. Entonces, en pocos meses, hicimos Sobre el Cielo y la Tierra, que fue su único libro publicado en Argentina y escrito de alguna manera por él”.
Editado por Florencia Cambariere, Sobre el cielo y la tierra (Debate) reúne, en efecto, los diálogos del por entonces Jorge Bergoglio con Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico latinoamericano, acerca de temas tan profundos y no siempre fáciles de abordar como Dios, el fundamentalismo, los ateos, la muerte y el Holocausto.
Una vez que Bergoglio se convirtió en papa, el libro explotó: fue traducido a más de cuarenta idiomas. Cuenta Florencia muy emocionada que el día que se conocieron, mientras volvían juntos en el subte (metro) de Buenos Aires (él al arzobispado y ella a la editorial) se pusieron a hablar de algunos problemas de salud de personas en común y ella, en un momento, como quien hace un comentario impersonal, citó una frase de su médico sobre la forma en que el cuerpo de la mujer se prepara para la maternidad y los cimbronazos hormonales.
“Y él me mira a los ojos y me dice: ‘con la búsqueda de embarazos hay que tener paciencia’. Yo me quedé helada y, a los quince días, me enteré de que estaba embarazada, y es que venía buscando quedar embarazada hacía un año. Entonces fui y le dije la siguiente vez que lo vi: ‘Padre, le quiero contar que estoy embarazada’. Y él me dijo: ‘ay, con lo que recé’. Yo le digo: ‘pero si yo no le dije que estaba buscando quedar embarazada’. Y me dijo: ‘no, pero ese día usted lo estaba, yo solo recé para que se anide’. Años después yo quería tener otra hija, lo fui a visitar al Vaticano y le dije: ‘Padre, no sé qué hacer, si seguir intentando o no’. Y él me dijo: ‘haga lo que haga, no deje de desear, y que venga el año que viene y que sean cuatro’. Y, al mes estaba embarazada de Francisca, a quien él, amablemente, bautizó en el Vaticano. Y año a año mantuvimos una relación tanto epistolar como presencial, maravillosa. Una persona, qué puedo decir del Papa Francisco, que estuvo siempre al servicio de los demás. Yo nunca logré contestarle un mail más rápido que sus propias respuestas”.
Revela Florencia que en el bautismo de su hija Francisca en el Vaticano, había unos veinte familiares hablándole y pidiéndole cosas a Francisco. Ella recuerda que, mientras tanto, solo atinaba a pedirle disculpas por las molestias ocasionadas, a lo que él respondía con una sonrisa que él solo estaba al servicio.
Licenciada en psicología y con más de seis mil libros editados a lo largo de su carrera, Florencia Cambariere es actualmente directora editorial global para todas las sedes de VR en Argentina, España, México y Brasil, y además acaba de ser distinguida como la mejor editora del año en la prestigiosa Feria del Libro de Buenos Aires.
“Los editores somos un puente entre una necesidad que detectamos en la sociedad y las voces que, desde la literatura, tanto de ficción como de no ficción, tenemos que levantar para responder a esa demanda que detectamos en la sociedad, somos ese puente. Y yo recuerdo que cuando lo conocí a Bergoglio, el único deseo que tenía, y eso que estoy muy acostumbrada a tratar con personalidades destacadas y no me sorprendo fácilmente, pero el único deseo que tenía es, me acuerdo, llamar a mis amigas y decirles: ‘por favor, por favor, tienen que conocer a este hombre’. Los viernes él recibía abiertamente a toda la gente: era un anacronismo total, porque era un hombre que usaba la ropa vieja de los curas que lo precedieron. La editorial ganó una fortuna cuando él se hace papa con la venta de derechos y él donó todo”.
Seguir como se pueda
Ya no es noticia que la sensibilidad, la austeridad y la empatía eran algunas de las características más fuertes de Francisco, algo que se advertía en cada una de sus decisiones y pequeños grandes gestos que formaban parte de su rutina. Florencia cuenta que tenía una letra muy pequeña y una voz siempre baja que, sin embargo, se hacía escuchar porque siempre tenía la palabra justa, ofreciendo así una enseñanza tras otra.
Por ejemplo, cuenta que cuando ella sufrió la enfermedad de sus padres, él siempre estuvo acompañándola. De hecho, recuerda que una vez que ella estaba esperando los resultados de un estudio médico, él le pidió que no tuviera miedo porque el miedo es un túnel oscuro del cual resulta difícil salir y solo provoca hostilidad a la gente que amamos. Florencia define a Francisco como un compañero de ruta incondicional, un amigo al que va a extrañar muchísimo por tratarse de un ser absolutamente luminoso.
Por otro lado, confirma aquella idea de que el papa inspiraba fe y esperanza, incluso en muchas personas que iban a verlo sin ni siquiera ser católicas.
“Y él era una persona que estaba por completo con vos en el aquí y ahora. Y eso, darle a los demás siempre 10, 15, 20 minutos más de lo que te piden, a mí me lo enseñó él, que es su concepción de la justicia social, que no tenía que ver con hacer cenas para recaudar fondos, era realmente meterse hasta el hueso en la necesidad de la gente. Con esto que él dijo en la última visita que hizo a la cárcel, como era su ritual de todos los sábados de Pascua, que le preguntaron: ‘Padre, ¿cómo se siente en esta Semana Santa?’ Nos dejó una enseñanza que fue: ‘como puedo’, él seguía su servicio como podía”.
Como si quisiera terminar de contarle al mundo cómo era Francisco, cuenta Florencia que cuando, en los últimos años, ella le escribía para verlo y, de pronto, tenía que aplazar la cita porque no había conseguido pasaje o algo por el estilo, él le respondía con absoluta tranquilidad que como la agenda no se agota, ella podía ir cuando quisiera.
“Un papa, un papa... o sea: además de una capacidad brillante de trabajo, no se tomó vacaciones nunca y, en el 2022, le edité otro libro y fui con el manuscrito a trabajar toda la tarde con él al Vaticano y tenía, como él había sido profesor de literatura, me dio una ternura y una admiración tremenda: había marcado la puntuación, las comas, el estilo... no solo había editado y corregido el contenido; era muy detallista, muy, muy detallista y el día que lo conocí me regaló un librito que era una antología de alumnos de él con un prólogo de Jorge Luis Borges. Entonces, cuando bautizó a mi hija mayor en Buenos Aires, porque a la segunda la bautizó en el Vaticano ya siendo papa, yo le regalé, en agradecimiento, las obras completas de Borges y cuando fue papa, como se fue con una valijita y nunca volvió, le llevé al Vaticano las obras completas de Borges; y bueno, ahora pienso que están ahí entre los discos de tango que nos intercambiábamos y su memoria, que cambió la historia de la iglesia y de mucha gente para siempre, como a mí”.
Loco por el fútbol
Otra característica insoslayable y, a la vez, profundamente argentina del papa Francisco era su amor por el fútbol. En el barrio porteño de Flores hay, de hecho, una placa que muestra el lugar donde, de chico, él jugaba a la pelota con sus amigos. Además, era un ferviente hincha de San Lorenzo de Almagro, un club de Buenos Aires surgido en los albores del siglo XX cuando el padre salesiano Lorenzo Massa, al ver a un grupo de chicos jugando en la calle, los invitó a jugar en el Oratorio de San Antonio.
Damián Descalzo, otro argentino apasionado por el fútbol que también conoció muy bien a Francisco explica que el nombre del equipo del papa no remite como muchos creen a ese mismo sacerdote, sino a una batalla central en la independencia argentina y, sobre todo, a la figura del mártir romano al que quemaron en una hoguera.
“Es decir, ya desde los orígenes, Francisco o Bergoglio era hincha de un club profundamente ligado a lo religioso. Él era cercano a ese barrio, su padre era hincha de San Lorenzo también y él hereda la pasión por el club de parte de su padre, él tiene una relación de estar cerca del club, de jugar en las mismas instalaciones del club y creo que un hecho que lo marcó fue que San Lorenzo, justamente en los años en que uno empieza a ir a la cancha, a los nueve años, una edad fundamental en la edad de las personas, en la relación con el fútbol, justo San Lorenzo, en 1946, tiene un equipo extraordinario y el Papa Francisco ha contado que esa campaña la vio entera, por lo menos todos los partidos de local y hasta ha contado que ha visto uno en la cancha de Ferro de visitante, en el cercano barrio de Caballito. Así que no podemos dejar de mencionar que un papa era hincha de un club, de uno de los clubes más ligados a lo religioso que hay en la Argentina”.
Hincha incondicional del club atlético Tigre, equipo donde jugó, por ejemplo, el delantero Leandro Lázzaro que luego brilló en el Slovan Liberec y en el Sparta Praha, Damián ya había tenido la posibilidad de ver a Bergoglio cuando era arzobispo en Buenos Aires. Y recuerda que en el preciso momento en el que lo nombraron papa, se le ocurrió enseguida la idea de llevarle al Vaticano una camiseta de Tigre. Agrega que, de a poco, empezó a compartir su idea mientras veía los partidos de su equipo o en algunas comidas con sus amigos, y asegura que casi todos se reían, pensaban que se trataba de algo imposible, o incluso creían que él lo decía a modo de chiste.
“Cuántas oportunidades hay en la historia de que haya un papa argentino y que vaya a recibir con agrado una camiseta de un club de fútbol, ¿no? Hubiese sonado impertinente en el caso de sus predecesores... Y, bueno, apenas se dio la posibilidad en el verano del 2014, en enero del 2014, voy a Roma y, en la audiencia general, para la que no tenía ni el ingreso, logré entrar. Y, después, gracias a la amabilidad de la seguridad, fui contando mis intenciones de entregarle la camiseta de fútbol. Ahí en Italia también se entiende mucho la pasión por el fútbol, y siendo que era argentino y, tal vez aprovechando un poco que los colores de mi club Tigre son similares a los de San Lorenzo, creo que habré influido un poco en que me dejaran pasar”.
Un patadura, pero excelente arquero
Cuenta Damián que cuando el papa empezó a dar la última recorrida en el Papamóvil, él logró acercarse y llamarlo por su nombre: Jorge, Padre Jorge, tal como se lo conocía en Buenos Aires.
“Y él me mira, y en el momento en que me mira es como que yo veo, en plena Plaza San Pedro, veo ya no al padre Jorge, sino al papa Francisco, y ahí es como que cambio de lo local a lo universal, y ahí le digo: ‘Francisco, traje esta camiseta de Tigre de regalo para usted’. Y él me dice, con total sencillez, como lo habrán visto muchos, me dice: ‘bueno, tirámela’. Y yo se la arrojé, porque estaba, digamos, en el Papamóvil, que tiene una altura considerable, y yo la tiré y él la atajó con gran maestría. Él dice que era un patadura jugando al fútbol, pero tenía, evidentemente, condiciones de arquero, porque la atajó sin problemas. Y para mi orgullo y beneplácito, la mostró a la gente que estaba ahí reunida en la Plaza San Pedro; mientras yo, que estaba con una cámara digital y tan nervioso apagaba la cámara cuando la quería prender, me puse muy nervioso. Entonces, en un momento le digo al Papa que espere un poco más y sigue mostrando la camiseta. Después, por segunda vez, me pregunta: ‘¿ya está? ¿pudiste sacar la foto?’ Siempre con su sonrisa habitual. Y yo que, en realidad, no había podido sacar la foto porque estaba que prenda, apaga, prenda y apaga de los nervios, le miento ahí al Papa, le he pedido disculpas a Dios, pero al mismísimo Papa le mentí; le dije: ‘sí, sí, ya la saqué’”.
La historia, por suerte, tiene un final feliz: no tardaría en enterarse Damián de la existencia de dos fotógrafos que suelen permanecer al lado de todos los papas sacando retratos de las audiencias y tantos otros eventos.
Gracias a eso pudo obtener cientos de fotos de cada instante en el que se fue desarrollando su sueño de entregarle aquella camiseta. Desde entonces, cada vez que vuelve a pasar por la Plaza San Pedro se le viene a la mente ese recuerdo que también generó una inmensa alegría entre todos los hinchas de su club porque, tal como él mismo dice, no es algo común que un papa muestre la camiseta de un equipo de fútbol en plena Plaza San Pedro.
Sin ir más lejos, al enterarse de la fatídica noticia, Damián volvió a revivir aquel momento mágico.
“Fue un momento inolvidable, y el funesto lunes del fallecimiento del Papa, mi club, el Club Atlético Tigre, despidió a su santidad con una foto de ese día del papa mostrando la camiseta de Tigre”.
Desde aquel día, mucho se ha comentado el hecho de que desde el momento en que fue nombrado papa, Francisco nunca más regresara a la Argentina, aunque él mismo dijo en algunas ocasiones estar pensando en planificar un viaje. Florencia Cambariere confirma que ese es uno de los temas que siempre hablaba con él.
Y más allá de las elucubraciones, enigmas y preguntas hay algo hasta poético en ese no regreso: la idea latente de que, quizás sin irse del todo de Argentina, Francisco solo estaba cumpliendo su vocación de volverse universal.








