El fascinante legado de los celtas en Bohemia y Moravia

Los escritos del reconocido historiador y político checo František Palacký sobre el pasado pre-eslavo en Bohemia y Moravia revelan que los primeros checos documentados eran de origen celta. 

František Palacký | Foto: Martina Schneibergová,  Radio Prague International

Los símbolos y los festivales célticos siguen gozando de mucha popularidad en Chequia. Sin embargo, ¿qué tanto sabían los historiadores en el siglo XIX sobre los boyos, que en el pasado habitaban Europa Central? La obra de František Palacký, conocido también como el Padre de la nación, y en especial su célebre ‘Historia de la nación checa en Bohemia y Moravia’, revela detalles fascinantes en sus esfuerzos tempranos por comprender el pasado pre-eslavo de la región. Publicado a mediados del siglo XIX, el libro es considerado una piedra angular de la historiografía checa moderna.

Una de las inspiraciones principales del historiador checo fueron los nombres no eslavos de algunos ríos y montañas en Chequia como, por ejemplo, Vltava, Říp o Labe. A Palacký le llamaba la atención cómo sonaban estos nombres que, como él mismo destacó, revelaban un origen no eslavo. Esta evidencia lingüística impulsó al Padre de la nación a buscar las raíces de los checos mucho más allá del conocido legado eslavo.

Al escribir su obra, Palacký no podía aprovecharse de los descubrimientos arqueológicos disponibles en la actualidad, ya que fueron saliendo a la luz recién a lo largo del siglo XX. Por lo tanto, contaba solo con los expedientes de los historiadores antiguos que, al igual que él, intentaban entender el pasado de esta región, sobre todo antes de la llegada de los eslavos.

Stradonice | Foto: Hana Slavická,  Radio Prague International

Tierra de boyos

La tarea parecía casi imposible. Muchos de los historiadores de la Antigüedad, como el propio Heródoto, habían proporcionado información escasa sobre Bohemia y Moravia y los pueblos que ahí habitaban. Los testimonios más antiguos sobre estas tierras eran, a su vez, bastante inciertos y, en muchos de ellos, los autores ubicaban la región en torno al Bosque Hercínico, que existía antes de la era cristiana. Sin embargo, el conocimiento sobre este bosque era escaso y cada autor, según la época, lo identificaba en distintas cordilleras al norte del Danubio.

En su ‘Historia de la nación checa en Bohemia y Moravia’, Palacký intentó, entonces, llegar lo más lejos posible con la historia checa. Según él, los primeros expedientes históricos que mencionan las tierras checas, se remontan al siglo IV antes de la Era Común y siguen la trayectoria de la tribu céltica de los boyos o boii en latín, que se fueron mudando gradualmente de la actual Francia hacia Europa Central. Tiempo después, esta región llegó a llamarse ‘Tierra de los boyos’, de donde proviene el nombre Bohemia. Entre los aspectos más sorprendentes de la obra de Palacký sobresale su descripción tan detallada y reflexiva sobre la vida de los boyos.

Las murallas del castro celta de České Lhotice,  cerca de Nasavrky | Foto: Tereza Brázdová,  Český rozhlas

“Los boyos, aunque desaparecieron, dejaron una huella cultural enorme en la región de Europa Central. Este pueblo no era sólo de guerreros e invasores, sino también de constructores de comunidad. A pesar de sus muchas costumbres crueles, santificadas por su religión, demostraron una profunda afinidad por la educación y el progresismo. Los boyos construyeron arreglos permanentes y mantenían un estilo de vida estructurado. Además, al tener estos arreglos permanentes, los boyos se dedicaban a la agricultura, la ganadería, la artesanía y el comercio. Asimismo, practicaban artes literarios utilizando el alfabeto griego y estaban familiarizados con varias ciencias, por lo menos en la época de Julio César”.

Estos aspectos, según Palacký, testimonian el gran nivel de sofisticación y desarrollo cultural, tal vez poco frecuente en las tribus de Europa Central de aquella época.

Una jeraraquía social muy fragmentada

Los celtas en Bohemia establecieron una comunidad muy compleja con una jerarquía social altamente fragmentada, donde cada clase tenía sus propios derechos civiles. Asimismo, otra parte esencial del marco social eran los druidas, la clase sacerdotal de los celtas. Pero además de líderes religiosos eran también intelectuales con autoridad judicial, según relata Palacký en su libro.

“Eran los guardianes de todo el conocimiento y aprendizaje de la nación. Ejercían gran poder en su papel de jueces y castigaban a los individuos desobedientes, excluyéndolos de las ceremonias religiosas, lo cual era el castigo más vergonzoso en su cultura, lo que mostraba la magnitud de su autoridad moral y social”.

Palacký también exploró el poder político y económico de la nobleza entre los boyos.

Foto repro: František Palacký,  'Dějiny národu českého v Čechách a v Moravě/Bursík & Kohout,  1904'

“La nobleza o los terratenientes, al poseer las tierras, gozaban de gran poder y actuaban como líderes de la población común. Junto a sus sirvientes, llamados solduri, llevaban a cabo operaciones militares. La gente común era libre, pero no tenía derechos civiles a menos que pidiese la protección de la nobleza poderosa a la que tenía que pagar impuestos y proporcioar servicios”.

Pese a estos logros, las peleas internas que empezaron a surgir debilitaron la cohesión de los boyos. Como consecuencia, su fuerza nacional disminuyó, lo que llevó hacia su destrucción total como pueblo y su desaparición de Europa continental. Este acontecimiento, según Palacký, fue clave para el surgimiento de otro pueblo, igual de importante para la historia de Europa Central. La tribu germánica markomani comenzó a subyugar y reemplazar a los boyos poco antes de la llegada de la Era Común, llevando consigo una estructura social y cultural contrastante, que destacaba por ser más austera y militarista. Aunque los markomani gozaron de un considerable período de prosperidad, después de cuatro siglos, su reinado también llegó a su fin. Posteriormente, tanto los boyos, como los markomani, se mezclaron con los eslavos, los romanos, los pueblos germánicos u otras tribus. Sin embargo, su legado todavía sigue vivo en los nombres de algunos sitios emblemáticos, los descubrimientos arqueológicos y, por supuesto, en los poderosos escritos de Palacký.