De rey de las vacaciones checas y senador a buscado por la policía: la historia de Václav Fischer
Václav Fischer, icono del turismo checo en los años noventa, pasó de construir un imperio de viajes a enfrentar quiebras, fracasos empresariales y hoy investigaciones en Alemania. Su figura, a pesar de todo, refleja el auge y la caída de un emprendedor que marcó una era en la República Checa postsocialista.
Durante los años noventa y con el capitalismo emergiendo en una "nueva" Europa Central tras la caída del Telón de Acero, fueron varios los casos de figuras que encarnaron el éxito empresarial en la región. Un gran ejemplo en la por entonces recién establecida República Checa es el de Václav Fischer, cuyos aviones azules rumbo al Mediterráneo no solo transportaban turistas; representaban el nuevo sueño de prosperidad postsocialista. Sin embargo, tres décadas más tarde, el antiguo “rey de las vacaciones” está hoy bajo investigación en Alemania y su figura ha pasado de icono del emprendimiento a protagonista de titulares incómodos.
La historia de Fischer comienza a finales de los años setenta, cuando emigró de la entonces Checoslovaquia comunista a Alemania Occidental. En Hamburgo fundó en los años ochenta Fischer Reisen, una pequeña agencia que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores operadores privados de viajes aéreos en los mercados alemán y checo.
Tras la Revolución de Terciopelo de 1989, el empresario regresó a Praga y abrió una filial que, en 1995, adoptó el nombre de Fischer. En el proceso, vendió la parte alemana del negocio a Condor y concentró sus esfuerzos en un mercado checo que estaba ávido de viajar tras décadas de restricciones.
Fue así cómo Fischer construyó un imperio turístico que pronto incluyó su propia aerolínea, Fischer Air. El primer e icónico avión azul voló, precisamente, a Gran Canaria (España), un destino que se convertiría en emblema de la marca. Allá por 1998, la empresa vendió 250.000 viajes solo en el mercado nacional y facturó aproximadamente 148 millones de euros, hito que la posicionó entre las referentes del sector.
El siguiente paso de Fischer fue expandir su negocio a Polonia, Hungría y Eslovaquia, ambición con la que se ganó una reputación de gestor sólido en la joven economía checa. Una vez consolidado en el mundo de los negocios, dejó en claro que su ambición aún no había encontrado un límite cuando decidió dar el gran salto a la política.
En 1999, en lo que más tarde definió como “el mayor error de su carrera”, se presentó al Senado checo y ganó con una campaña masiva y costosa. Incluso, por aquel entonces, se especuló con una posible candidatura presidencial, pero mientras su figura pública crecía, sus empresas empezaban a mostrar grietas.
Ya en 2000, su agencia de viajes acumuló pérdidas millonarias, haciendo que abandonase la política en 2002, al tiempo que admitía que sus negocios necesitaban atención urgente. Sin embargo, su reacción llegó demasiado tarde.
En 2003, tanto la agencia de viajes como la aerolínea fueron obligadas a hacer frente a sus deudas. La falta del seguro obligatorio contra quiebra derivó en una denuncia de la Asociación de Agencias de Viajes Checas, y las autoridades retuvieron aviones por presuntas deudas fiscales. El imperio empezaba a resquebrajarse.
Para evitar el colapso, Fischer pactó con el empresario Karel Komárek, dueño de KKCG, que asumió la mayoría del negocio y sus deudas. A finales de 2003 el grupo ya controlaba la compañía y, en enero de 2004, Fischer salió de la empresa. Poco después, sus bienes fueron embargados por más de 16 millones de euros y en 2005 se ejecutó la orden. Ese mismo año, Fischer renunció a la ciudadanía checa, conservando solo la alemana.
La marca, sin embargo, logró sobrevivir, y en 2020 KKCG vendió el Grupo Fischer al alemán REWE Group, consolidado ya en el mercado checo.
La empresa seguía siendo líder sin su fundador, aunque nada de eso impediría que el polémico Fischer tratase de hacer por su cuenta varios "regresos" al negocio, que terminaron siempre de forma cuestionable.
El empresario reapareció como impulsor de Tomi Tour, que llegó a ser la mayor agencia del país antes de quebrar en 2009, dejando a miles de turistas afectados. Paralelamente, litigó durante años contra el Estado checo por su salida de Fischer Air y la agencia original, pero en 2020 perdió el caso y, en consecuencia, sus reclamaciones millonarias.
También en 2018 anunció la resurrección de la marca bajo el nombre AirFischer, con la que comenzó a vender billetes a precios sorprendentemente bajos —entre 60 y 120 euros— para vuelos desde Pardubice y Brno al Mediterráneo. Sin embargo, había un problema: no tenía licencia ni aviones, y, al parecer, ni siquiera los aeropuertos conocían los planes de la compañía. Con este caso, y si bien los clientes recuperaron su dinero, la credibilidad del exmagnate volvió a resentirse. A pesar de todo, en 2020 y en plena pandemia, prometió de nuevo vuelos a Creta, Mallorca y Gran Canaria. Pero su plan ninguno despegó.
Su más reciente y polémico episodio comenzó en 2025, cuando reapareció por enésima vez anunciando una nueva Fischer Air con base en Eslovaquia y vuelos previstos desde Kassel hacia Canarias, Hurghada y Baleares. Los billetes se pusieron a la venta y más tarde los vuelos se aplazaron una y otra vez hasta ser cancelados. Bild lo calificó entonces como la “nueva oveja negra” del turismo alemán y, días atrás, diversos medios checos se hacían eco de la noticia de que la propia policía alemana buscaba al empresario.
Así, la fiscalía de Hamburgo habría abierto dos investigaciones contra él por presunto cobro indebido de ayudas estatales vinculadas al empleo y cotizaciones sociales en 2021 y 2023.
La propia fiscalía confirmó que los procedimientos están suspendidos temporalmente por no haber localizado al acusado y que se busca su dirección para citarlo. No existe orden de arresto, pero sí una búsqueda activa para su localización, mientras que Fischer ha negado las acusaciones. Por el momento, asegura residir en Praga y afirma que colaborará plenamente con las autoridades.
Hoy, de empresario visionario y senador a investigado por la justicia alemana, Václav Fischer es la sombra de aquel empresario que llevó a miles de checos a descubrir el Mediterráneo, y cuyo presente se ve marcado por fracasos, quiebras, litigios interminables y promesas incumplidas por volar, quizás, demasiado alto.








