De Brasil a Bohemia: el masopust contado por un checo que conoció el carnaval
El profesor de geografía Daniel Taras explica por qué el masopust es una de las tradiciones más hermosas de los pueblos checos y revela en qué se diferencia del famoso carnaval de Brasil que él vivió en carne propia.
Entre la tradición local y la alegría brasileña, el profesor checo de educación física y geografía Daniel Taras se prepara una vez más para celebrar el masopust, la versión checa del carnaval. Lo hace siguiendo la tradición del pueblo de Krejnice, al sur de Bohemia, el lugar donde pasó toda su infancia y parte de su juventud.
"El del masopust es un muy buen tiempo porque la gente va de casa en casa celebrando, se bebe mucho y se come mucho y nos ponemos máscaras que son también un poco distintas a las de Brasil porque el clima es totalmente diferente"
Daniel Taras
“El masopust para mí es, con certeza, una de las tradiciones más bonitas en el campo, en mi pueblo. Y aunque se celebra, sobre todo, en febrero como en otros lugares del mundo es totalmente distinto, por ejemplo, del carnaval en Brasil, que tuve la oportunidad de ver porque una vez en esta época yo fui a Brasil, y para mí es un muy buen tiempo porque la gente va de casa en casa celebrando, se bebe mucho y se come mucho y nos ponemos máscaras que son también un poco distintas a las de Brasil porque el clima es totalmente diferente”.
Agrega Daniel que el carnaval es, en definitiva, una parte muy importante de la cultura de los pueblos checos que debe preservarse para las futuras generaciones.
Una fiesta a todo tractor
Aunque la costumbre de ir de casa en casa puede recordar a las celebraciones de Pascua, Daniel aclara que la diferencia principal está en los participantes: en Velikonoce suelen ser los niños, mientras que en el carnaval son los adultos, que además beben grandes cantidades de alcohol, especialmente cerveza y slivovice. Según explica, en toda la región de Bohemia del Sur los festejos son bastante similares, mientras que en Moravia ya se perciben algunas diferencias, y en las zonas cercanas a Praga se nota una influencia más comercial. En su caso, cuenta que el carnaval comienza con una reunión en la taberna, donde junto a sus amigos comen un poco de goulash y se maquillan. Luego recorren en tractor algunas aldeas cercanas, cantando y bailando, para finalmente —como cerrando un círculo— regresar otra vez a la taberna.
“Sí, sí, pero normalmente somos solo este grupo de la taberna que viaja. Y nos vamos encontrando a otras personas que ya están preparadas con comida y bebida o algún dinero, y así”.
Carnaval de Brasil
Puente entre el invierno y la primavera, el masopust comparte con el carnaval incluso su etimología: el adiós a la carne antes del ayuno de la Cuaresma. Sin embargo, Daniel sostiene que, pese a ese espíritu común, existen diferencias profundas con el carnaval de un país tan festivo como Brasil, donde vivió durante un tiempo.
“Creo que en Brasil el carnaval es una fiesta más importante que aquí, tal vez porque Brasil es muy católico, pero tal vez la idea principal es que los brasileños se preparan para el carnaval durante muchas semanas. Entonces, la gente se encontraba varias semanas antes para practicar las danzas y hay escuelas de danza. Aquí no, aquí solo nos encontramos una vez y eso es todo. Esa es una diferencia grande. Y las máscaras también son muy diferentes: normalmente, en febrero aquí hay mucha nieve o frío, entonces tenemos que vestir ropa mucho más abrigada que en Brasil”.
De hecho cuenta Daniel que, a veces, no solo realizan máscaras, sino disfraces enteros e incluso estructuras con forma de caballo de madera en las que pueden caber dos o tres personas. Muchos hombres se disfrazan también de mujer, aunque otra diferencia que nota, también vinculada en cierto punto al clima, es que el carnaval de Brasil es mucho más sensual y provocativo.
Chistes de judíos
Una parte distintiva del masopust son las mascaradas tradicionales, que en muchos pueblos incluyen disfraces de oso —uno de los personajes más antiguos de estas celebraciones— y a veces figuras humanas que históricamente representaban diversos perfiles sociales, étnicos o religiosos. Estas tradiciones se remontan a costumbres populares de antaño. Lo cierto es que además de cantar entre todos, los músicos suelen acompañar con instrumentos como guitarras, violas, acordeón y trompetas, creando un ambiente festivo en cada pueblo.
“Cuando yo era chico, les tenía miedo a las máscaras en general, pero sobre todo a las de los judíos porque esas máscaras normalmente cogen por detrás a los chicos para atraparlos, pero son solo bromas”.
La hospitalidad brasileña
Daniel vivió en Brasil en dos oportunidades: primero durante dos meses en 2008 y, luego, medio año en 2010. En ese entonces residió en distintas ciudades del estado de São Paulo, entre ellas Porto Feliz. Según él mismo destaca, ese tiempo acumulado le permitió experimentar momentos del año tan distintos como Navidad y el Carnaval. Y, pese a sus diferencias, en ambas festividades notó algo en común; justamente, lo que más lo sorprendió de la sociedad brasileña.
"Una vez di una entrevista en Brasil sobre el masopust checo"
Daniel Taras
“Tal vez, la hospitalidad de la gente porque yo soy de Chequia, de un país de Europa central que no es tan amable con los extranjeros como, por ejemplo, los brasileños. También era muy interesante jugar al fútbol con los brasileños y tuve la oportunidad de jugar en un equipo de la ciudad, pero además jugaba cada semana en los campos sociales, como se llama ahí, jugaba al fútbol en esas áreas pequeñas”.
Daniel aclara que, aunque ya jugaba al fútbol desde mucho antes, tras su experiencia en Brasil comenzó a hacerlo con mucha más frecuencia y entusiasmo en su propio país. En ese sentido, asegura que aquel período moldeó su identidad y le resultan graciosas algunas coincidencias curiosas; o, mejor dicho, ciertas simetrías del destino.
“Es interesante que di una entrevista en Brasil sobre el masopust checo y ahora hago lo mismo, pero viceversa”.
Lo que sucedió es que, una vez, de casualidad, encontró en Porto Feliz al dueño de una revista que lo quiso entrevistar para que contara un poco cómo se festejaba el carnaval checo, algo que para los brasileños era absolutamente desconocido; o, como dicen los propios checos, un pueblito español (španělská vesnice).
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