Buscando el cielo con los adolescentes de Praga en el festival de teatro Punto Cero

Objectravelling

Volvió a Praga el festival de teatro Nultý bod (Punto Cero), que acerca a los jóvenes la variada escena independiente de las artes performativas en Chequia. Conversamos con la directora del festival y una de las artistas invitadas, Mara Ingea, que nos cuenta cómo se busca el cielo con su pieza Objectravelling.

Lída Vacková,  directora del festival  | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

Con los primeros días del otoño llegó a Praga, además de una importante bajada de temperaturas, también una nueva edición del festival de teatro Punto Cero, con 17 años de tradición. En entrevista con RPI, su directora, Lída Vacková, describió el concepto, los orígenes, y los cambios que se fueron dando con el paso de los años.

“Pues para mí, desde el principio, este festival ha sido como un momento de iniciación. Al principio se centraba en querer traer al público formas atrevidas de teatro físico y de danza. Y con el tiempo, casi desde 2008, o sea, ya unos 17 años, eso fue cambiando. Pasamos por varias formas distintas, y al final pasó que dejamos de sentirnos importantes y, al mismo tiempo, necesarios. Entonces cambiamos el formato, y a comienzos del año pasado transformamos el enfoque de Punto Cero en un momento de iniciación para la nueva generación”.

Escuela Futurum | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

Con esta idea en mente, los jóvenes del instituto Futurum de Praga pudieron, este 22 y 23 de septiembre, presenciar espectáculos, atender a charlas y participar en workshops de aproximadamente una veintena de grupos y artistas tanto checos, como internacionales, afirmó Vacková.

“Intentamos que los jóvenes tengan la oportunidad de ver también cosas del extranjero, ese ha sido desde hace tiempo uno de los enfoques principales del festival. Y al mismo tiempo, que puedan ver y descubrir la escena checa contemporánea independiente”.

Una de esas artistas internacionales que participó en la última edición de Punto Cero es Mara Ingea, nacida en Líbano, que presentó en el festival su pieza Objectravelling. Pensada para un máximo 16 personas, se trata de una íntima obra participativa, que describió más en detalle su creadora.

Performance | Foto: Ludmila Vacková

“Es una obra participativa en la que invito al público a jugar y explorar objetos pequeños, que en realidad no son nada en concreto: son piezas sueltas, fragmentos de otras cosas que, tal como digo en la obra, son partes de objetos que ya desaparecieron. Y después invito a la gente durante la obra a armar una máquina todos juntos”.

De esta forma, los espectadores se convierten en los protagonistas de un viaje conjunto. Y es que la máquina que construyen siguiendo unas instrucciones concretas no es un objeto cualquiera. Para conocer su significado y su uso, el público debe volver en el tiempo a uno de los recuerdos más antiguos de la creadora.

Objectravelling: una máquina para encontrar el cielo

“Al final de la obra explico que, cuando tenía 3 años, mi abuela me dijo que mi abuelo se había ido al cielo. Yo me imaginé que el cielo era un lugar muy, muy lejano, y que cuando alguien llega allí, se vuelve invisible. Pero una vez, una amiga me preguntó si sabía cómo tocar el cielo. Le dije que no, que era imposible, porque el cielo está muy lejos y no se puede tocar. Y ella me dijo: ‘No, mira’. Levantó su dedo hacia arriba, apuntando al cielo, y me dijo: ‘Mira, estoy tocando el cielo, porque el cielo está en todas partes, alrededor de nosotros’. Entonces cuento que pensé: 'Vale, si el cielo está en todas partes, eso significa que ahora mismo estamos en el cielo. Pero si estamos en el cielo, entonces estamos en el mismo lugar que mi abuelo… solo que él es invisible y nosotros no'”.

Siguiendo esa narrativa, Mara detalla que la máquina que los espectadores construyen juntos es una especie de confirmación de que ese espacio invisible, ese lugar donde se encuentra su abuelo, existe de verdad.

Objectravelling | Foto: Mara Ingea

“Si el cielo está a nuestro alrededor, y mi abuelo es invisible, significa que debe haber un lugar entre los dos, un lugar invisible, pero que está aquí. Entonces empecé a buscar ese lugar. Pero como es invisible, no estaba buscando un sitio físico, sino una especie de prueba de que existe. Y por eso empecé a hacer los planos de la máquina y a coleccionar esos objetos que son algo y nada al mismo tiempo, con la esperanza de que tal vez puedan darnos una prueba de que ese lugar realmente existe”.

La búsqueda de ese “cielo” es sin duda un tema que no pasa desapercibido a los niños. Aun así, la artista explicó que a pesar de haber actuado previamente para menores que atendían la obra con sus padres, presentarla ante adolescentes fue una experiencia algo distinta.

Actuar para adolescentes: ¿Un público difícil?

Objectravelling | Foto: Mara Ingea

“Actuar para adolescentes es una experiencia nueva para mí, porque es un público… No sé, quizá no diría que más difícil, pero diferente. A veces, o más bien, a menudo, hablan entre ellos y no los siento completamente concentrados… Aunque tal vez sí lo están, solo que de otra forma. Y como además estamos en una escuela, y la obra trata sobre seguir instrucciones, creo que también hay un cierto nivel de miedo por parte de ellos: miedo de hacerlo 'bien', o de hacerlo de la forma 'correcta'. Están en un entorno escolar, con reglas e instrucciones, y eso influye en cómo se relacionan con la obra”.

A pesar de todo, Mara resaltó el valor de la experiencia ya que, como creadora, es muy importante para ella saber cómo llamar la atención de su público, modular las energías y lograr el ambiente de concentración necesario. En ese aspecto, no existe quizás un público más difícil que los adolescentes que, sin embargo, sorprendieron a los creadores y a los organizadores del festival con su interés y su reacción, detalla la directora.

Cocinando la paella | Foto: Ludmila Vacková

“Lo que para mí es algo positivo, aunque no diría sorprendente, sino más bien una grata sorpresa, es que los jóvenes, en realidad, son bastante abiertos. Por supuesto, no damos por hecho que de los 200 jóvenes con los que trabajamos, todos y cada uno diga: ‘¡Guau, esto es justo lo que me faltaba en la vida!’. Ellos pueden decidir si al final no van a la escuela ese día o si simplemente lo pasan de otra manera. Pero al final, logramos captar la atención de, digamos, la mitad de ellos, lo cual ya son más de cien personas. Y cuando debatimos con ellos, puedo ver que están abiertos.  No es como solemos decir, que los jóvenes solo miran el móvil y no les interesa nada. Y eso diría que es una sorpresa agradable”.

El festival culminó con un debate sobre las piezas presenciadas y el papel del teatro en la sociedad, temas que se discutieron con una paella comunitaria.