Umberto Eco en Praga

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Tras 32 años de ausencia, el famoso semiólogo, ensayista y novelista italiano Umberto Eco volvió a Praga para encontrarla, según dijera en rueda de prensa, todavía más joven y bella. Mientras que en agosto de 1968 tuvo que escapar de la capital checa a la vista de los tanques de los ocupantes soviéticos, ahora llegó al mismo lugar para recibir el Premio "Visión 97", auspiciado por la Fundación de los esposos Dagmar y Václav Havel.

El autor de la famosa novela "El Nombre de la Rosa", galardonado el mes pasado con el "Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades", arribó a la capital checa de muy buen humor. Respondiendo las preguntas de los periodistas en el Castillo de Praga, evocó su llegada a la desaparecida Checoslovaquia dos días antes del inicio de la ocupación soviética el 21 de agosto de 1968. Cuando se aproximaba a las fronteras occidentales del país, le impresionó el hecho de que los ciudadanos checos cambiaran las señas de tráfico para confundir a los ocupantes. "Pero a mí me indicaron el rumbo correcto," puntualizó Umberto Eco, refiriéndose luego a su relación con Praga y la cultura checa:

"La Praga ocultista, o como se dice, el triángulo mágico 'Praga-Turín-Lyon' no tiene para mí mucha importancia. Yo diría que el encanto de Praga, que tanto me impresiona, se va más allá de tópicos como el relativo a la leyenda de Golem. Praga es para mí algo mucho más noble y más alto que esta leyenda posterior".

Si he de citar algo, me impresiona mucho más, por ejemplo, Juan Amos Comenio, quien fue mucho más inteligente que Golem, resaltó el semiólogo y narrador italiano, confesando asimismo que admira mucho la época del emperador Rodolfo Segundo y las actividades científicas y artísticas que aquél fomentaba en la Praga de las postrimerías del siglo 16.

En lo que se refiere a la época moderna, el profesor Umberto Eco resaltó el legado de los escritores Franz Kafka y Milan Kundera, así como las actividades de los científicos checos que en los años treinta influyeron considerablemente sobre el desarrollo de la semiótica, el estructuralismo y la teoría literaria universales.

Al final de su primera entrevista con los periodistas checos, Umberto Eco admitió no ser un experto en arte culinario, pero que a pesar de ello añora los típicos "knedlíky" checos - bolas de harina cocida que se sirven como guarnición en los platos típicos del país.

Autor: Vít Urban
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