Operación Ř: la persecución de los comunistas a los conventos checoslovacos

Teodora Kubinová, photo: Anna Vrhelová / Czech Radio

Se cumplen setenta años de la persecución a los conventos checoslovacos por parte de los comunistas en la llamada Operación Ř. La acción tenía lugar después de haber clausurado monasterios e internado a miles de monjes.

Foto: archivo Paměť národa/ Helena Richardis Nováková

Hace setenta años, entre julio y septiembre de 1950, más de 4000 monjas fueron forzadas por el régimen comunista a abandonar sus conventos de alrededor de toda Checoslovaquia y llevadas a centros de detención en lo que conocemos como "Operación Ř". La letra corresponde a la palabra checa “řeholnice” que significa monja. Anteriormente, en la primavera de ese mismo año, el régimen había cerrado los monasterios e internado a miles de monjes en “claustros de concentración”.

Tras abandonar los conventos, aproximadamente la mitad de esas monjas, las más jóvenes y aptas, fueron obligadas a trabajar en fábricas nacionalizadas o en los campos. Teodora Kubinová, que ahora tiene 96 años, es una de las monjas que vivió aquella situación tras unirse a un convento en České Budějovice.

Operación K, foto: archvio Moderní dějiny

Con 26 años, Teodora se vio forzada, junto a cientos de monjas de distintas órdenes y congregaciones de Bohemia, Moravia y Eslovaquia, a trabajar en una fábrica de textil en Trutnov, cuenta para la Radio Checa.

“Después nos llevaron a Varnsdorf, donde nos obligaron a trabajar en una fábrica de calcetines. A las hermanas más mayores las llevaron a Brumlov. Vansdorf fue uno de los peores lugares, había máquinas enormes y algunos chicos se desnudaban entre ellas. Me pasó una vez y le terminaron gritando que debería avergonzarse de hacerlo delante de una hermana”.

También cuenta que el trabajo era muy duro, estaban muchas horas y las raciones que les daban eran escasas. Además, estaban sometidas a un hostigamiento constante por parte de los capataces y los trabajadores regulares. Las autoridades comunistas presionaban a las monjas para que dejaran formalmente sus órdenes. Aun así, mantenían la fe y rezaban en secreto, recuerda la hermana Teodora.

“Teníamos que rezar a solas. Y no nos podían ver con una Biblia. Así es como lo hicimos durante veinte años”.

El campo de internación, foto: ČT

El régimen comunista lanzó la Operación K contra los monasterios en abril de 1950. En un solo día, 1240 monjes fueron arrestados en una estrategia que explicaban como una manera de defenderse de la ira de la gente.

Los comunistas organizaron juicios contra sacerdotes y monjes con el objetivo de proporcionar una justificación ideológica a la Operación K. Un total de diez figuras religiosas importantes fueron arrestadas, torturadas y condenadas a prisión por traición y espionaje. Las sentencias estaban basadas en confesiones forzadas que se produjeron una semana antes de la operación.

La operación Ř llegó meses después, pero las medidas contra las monjas, que parecían menos amenazantes para el régimen que los sacerdotes y los monjes, fueron igual de meticulosas. Los conventos que no se basaban en obras de caridad fueron vaciados, las órdenes de mujeres, a diferencia de las de los hombres, no fueron prohibidas por completo. Simplemente existían en un vacío legal, lo que hacía imposible aceptar a nuevos miembros.

Tras la Operación Ř, las autoridades se centraron en reducir el número de hospitales e instituciones donde aún trabajaban miles de monjas, con el objetivo de ir eliminando sus lugares en la sociedad.

A pesar de todo, muchas monjas, entre ellas la hermana Teodora, encontraron trabajo posteriormente en instituciones de asistencia social. Tras la Primavera de Praga, Teodora pudo mudarse a Opočno, donde cuidó a niños con discapacidades mentales y físicas hasta 1992. Después, volvió a České Budějovice para volver a habilitar el convento.

Autor: Andrea Romero
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