La Praga de Václav Havel: una cartografía de la libertad
Desde la casa donde nació, a pocos pasos de la orilla del Moldava, hasta su tumba en el cementerio de Vinohrady, el historiador de la arquitectura Zdeněk Lukeš propone un recorrido excepcional por la ciudad que marcó la vida de Václav Havel y que también fue moldeada por él y su familia. En la semana del 90.º aniversario de su nacimiento, este itinerario revela los lugares que amó, los que hoy llevan su nombre, los que aún perduran y aquellos que sus amigos y seguidores guardan como tesoros personales. Es también un viaje que recuerda el gesto decisivo con el que Havel abrió el Castillo de Praga a la ciudadanía, transformándolo en un espacio vivo, cultural y accesible.
“Havel nació en la casa llamada Dům U Dvou tisíc (“Casa de los Dos Mil”), un edificio secesionista de 1905 que construyó su abuelo arquitecto. Está situado en Rašínovo nábřeží y tiene unas estupendas vistas de Praga. Allí nació y allí vivió prácticamente toda su vida”.
“Son conejeras”. Con ese término fulminante criticó Václav Havel, allá por 1990, la proliferación de los paneláky, los bloques prefabricados que se extendieron desde las afueras de Praga hasta barrios como Žižkov. La frase reaparece hoy en boca del historiador de la arquitectura Zdeněk Lukeš, quien lleva décadas estudiando la relación de Havel con la ciudad y, en el marco del 90.º aniversario de su nacimiento, organizó una exposición en Mariánské náměstí y una conferencia para Open House. No es casual: Havel mantuvo desde el comienzo un vínculo íntimo y constante con Praga.
“Havel nació en la casa llamada Dům U Dvou tisíc (“Casa de los Dos Mil”), un edificio secesionista de 1905 que construyó su abuelo arquitecto. Está situado en Rašínovo nábřeží y tiene unas estupendas vistas de Praga.
Allí nació y allí vivió prácticamente toda su vida; solo se mudó por poco tiempo a Střešovice, pero luego regresó a ese piso que originalmente tenía dos plantas, dos apartamentos uno encima del otro. Sin embargo, los comunistas les quitaron uno, así que solo les quedó el otro. En ese piso vivió Havel con su hermano Ivan y, por supuesto, también con sus respectivas esposas”.
Zona vigilada
En cuanto a esa primera casa que tanto lo marcó a Havel y significó para él una especie de refugio, cuenta Lukeš que solía estar vigilado muy de cerca por la policía comunista.
“Cerca de Mánes hay una antigua torre renacentista de agua, y allí la policía estatal tenía una especie de observatorio desde donde, con prismáticos, controlaban quién entraba en la casa y demás. Frente al edificio solía haber un coche policial con equipos de escucha y todas esas cosas típicas de aquella época. Así que vivir allí no era sencillo, pero, como digo, a él le gustaba; al fin y al cabo, era un patrimonio familiar, aunque luego, naturalmente, pasó a ser propiedad del Estado. Pero después, tras 1989, él y su hermano recuperaron la casa en la restitución”.
Luces de Lucerna
Otro edificio decisivo en la vida de Havel, igualmente vigente y de enorme peso simbólico en Praga, es Lucerna, obra que también lleva la firma de su abuelo.
“Él se inspiró en aquellos palacios multifuncionales modernos estadounidenses. En Lucerna no solo había viviendas, oficinas y tiendas, sino también una hermosa galería comercial, que de hecho sigue existiendo hoy. Ahora se está restaurando poco a poco, pero allí había una gran sala subterránea donde se celebraban distintos conciertos, festivales de jazz y demás. También había un cine muy popular, así que era realmente un edificio moderno para su época, también de comienzos del siglo XX, y naturalmente él tenía un vínculo muy fuerte con ese lugar”.
Estudios de cine y residencia de la embajada argentina
La siguiente estación de este tour está un poco más lejos, en Barrandov, al suroeste de Praga, donde su padre y su tío levantaron un barrio moderno con residencias, estudios de cine y un restaurante con mirador que Havel deseó ver restaurado durante años. Un deseo que se concretó recientemente.
“Por supuesto, cambió mucho todo. Yo estuve allí, en su momento, con Havel y Dagmar para ver el lugar y ya no estaba la atmósfera de la Primera República, cuando a ese restaurante iban directores, productores, actores y actrices. Al mismo tiempo, era un restaurante popular, lo que significa que también iban los praguenses. No era caro. Y había música en vivo. Era un ambiente muy agradable con una hermosa vista de Praga y, debajo del restaurante, bajo la roca, había una piscina. Era un lugar muy valorado al que los praguenses solían ir. Eso hoy ya no es así en absoluto. En la zona hay mucho ruido y el puente de Barrandov atrae mucho tráfico y demás. Es otra época. Pero a Havel le importaba mucho que aquello se reparara de algún modo”.
Lo interesante es que una de esas residencias, la villa Miloš Havel, que es el nombre del tío de Václav Havel, productor cinematográfico y fundador de los estudios de Barrandov, funcionó, tras la Revolución de Terciopelo, como residencia de Argentina. Ahí vivió el embajador Abel Posse durante su misión en Praga. Tras la restitución, la familia Havel la vendió a un empresario que la transformó en una residencia de lujo, hoy lamentablemente fuera del alcance del público.
Con una pequeña ayuda de mis amigos disidentes
Más allá de esa gran cantidad de propiedades familiares, cuenta Lukeš que Havel tenía mucho aprecio también por otros sitios que no llevaban la chapa familiar. Entre ellos, un par de pescaderías, la taberna U Bohouše en Vinohrady y, sobre todo, las casas de sus amigos disidentes. Un buen ejemplo es el edificio también secesionista de su amiga Dana Němcová, que estaba ubicado en la calle Ječná, muy cerca de la zona de Karlovo náměstí.
“Cerca de Karlovo náměstí vivían también los esposos Benda, otros disidentes, o Vladimír Hanzel, que más tarde sería secretario personal del presidente Havel. A Havel también le gustaba ir al piso del camarógrafo y signatario de Carta 77 Stanislav Milota, que vivía sobre el Museo Nacional. De nuevo, eran pisos donde se celebraban esos seminarios privados, donde se reunían los disidentes, etcétera. Y luego había algunos locales, cafés y restaurantes del centro de Praga, especialmente en la zona de Národní třída: Iba, por ejemplo, a la vinería del monasterio de Vršovice, que hoy ya no existe y a varios restaurantes y cafés de la zona”.
Un cigarrillo y un café
Entre esos cafés uno de los más importantes y favoritos de Havel era, por supuesto, el Slavia, donde Havel conoció nada menos que a su esposa Olga.
“Creo que ella hacía algún trabajo temporal allí como camarera, y él la vio y empezaron a hablar, y se cayeron muy bien. Luego él empezó a trabajar en el Teatro Na Zábradlí, adonde llegó desde el teatro ABC por recomendación de Jan Werich. En aquel entonces tenía una propuesta muy vanguardista, una nueva escena que, entre otros, había fundado también Jiří Suchý, que ahora está cumpliendo noventa y cinco años. Y allí encontraron una pequeña sala que había servido como teatro en el pasado. Franz Kafka solía ir ahí porque era una pequeña compañía alemana que funcionó en ese edificio a comienzos del siglo XX”.
Agrega Lukeš que esa compañía dejó de funcionar y en ese lugar se fundó, recién a finales de los años cincuenta, el actual Teatro Na Zábradlí. Además de ser muy popular, tenía un nivel excelente y fue ahí donde Havel empezó a trabajar como utilero mientras empezaba a escribir sus primeras obras. Para ese mismo teatro escribió La fiesta en el jardín, que se estrenó allí en 1964 y con la que se hizo famoso gracias a que fue muy representada, tanto en el ámbito local como en el extranjero.
El lugar que lleva su nombre y Havel detestaba
Cuenta Lukeš que él mismo, en su momento, propuso que se nombrara en su honor la plazoleta que está donde nace la calle Pařížská, detrás del hotel Fairmont, hoy llamada Miloš Forman. Sin embargo, otra plazoleta terminó llevando su nombre, la que está junto a la Nueva Escena del Teatro Nacional.
“Justamente, un sitio que a Havel no le gustaba mucho. No le convencía la Nueva Escena como edificio y, sobre todo, el espacio exterior le parecía frío. Durante la época comunista, los chicos solían ir allí a andar en monopatín porque había estructuras de piedra que les venían bien para practicar y siempre había policías que los detenían por hacerlo, así que era un lugar bastante controvertido. Además, el Teatro Nacional en aquella época no tenía un nivel artístico muy bueno; era más bien una escena panfletaria. Por eso Havel no tenía mucha simpatía por ese sitio, aunque al menos algo terminó llevando su nombre”.
“Empezaron a venir políticos de todo el mundo que querían verlo a Havel, era tremendamente popular. Llegaron desde los Rolling Stones y Michael Jackson hasta Joan Baez y Lou Reed”.
Por supuesto, el otro lugar que lleva su nombre es, nada menos, que el aeropuerto de Praga y, a diferencia de lo que ocurrió con otros sitios, en este caso afirma Lukeš que la decisión se tomó bastante rápido y no tuvo objeciones.
Un castillo para todos
En una época, Zdeněk Lukeš veía casi a diario a Havel: cuando asumió la presidencia, él integró el equipo profesional que se incorporó al Castillo tras la caída del comunismo. Su tarea era coordinar y supervisar la restauración arquitectónica y patrimonial de ese complejo, que es el más grande en todo el mundo. Asegura que uno de los grandes deseos de Havel era abrir el Castillo a la ciudadanía y convertirlo en un espacio cultural, algo que antes no existía. Bajo su impulso nació el Festival Shakespeare y el prestigioso Premio Pritzker de arquitectura. Esa apertura, recuerda Lukeš, fue un proceso largo y difícil que incluyó la reparación de muchos edificios que estaban en pésimo estado, como era el caso también del Jardín Real y del Foso de los Ciervos.
“Con él siempre nos divertíamos y la pasábamos bien. Me acuerdo de que Havel se sentía incómodo, por ejemplo, con los trajes, las corbatas y todo eso. Nunca pudo acostumbrarse y por eso decidió que una vez a la semana hubiera “día libre de traje”. Pero con el tiempo eso fue cada vez menos frecuente porque empezaron a venir políticos de todo el mundo que querían verlo a Havel, era tremendamente popular. Llegaban visitas de todo tipo: no sé, desde los Rolling Stones y Michael Jackson hasta Joan Baez y Lou Reed”.
Muchas veces Havel le pedía a Lukeš que organizara para esas visitas ilustres un tour por el complejo del castillo, según lo que ellos mismos quisieran ver. Revela emocionado que los más simpáticos fueron Lou Reed y Bruce Springsteen quienes, por supuesto, lo invitaron luego a sus respectivos conciertos. Agrega que otra visita muy emotiva y especial fue la del famoso escultor suizo Jean Tinguely, quien propuso hacer una escultura cinética del Gólem para el Castillo de Praga, proyecto que no llegó a concretarse porque murió poco tiempo después de su visita, el 30 de agosto de 1991.
Una habitación de hotel con precio extra
“Cuando el príncipe Carlos visitó Praga, Havel lo llevó a ver la celda donde había estado detenido, en ese entonces la habían convertido en una habitación de hotel y, según contaban, era incluso más cara, justamente, por haber sido la celda de Havel”.
Poco antes del final del recorrido, Lukeš anuncia que toda existencia es, por definición, agridulce y, por lot anto, también hay que incluir en el paseo lugares muchos menos agradables de Praga que, sin embargo, también formaron parte de la vida de Havel. Algunos de esos sitios son las cárceles donde estuvo preso, como por ejemplo la de Pankrác, y los centros de interrogatorio como el de la calle Bartolomějská.
“Cuando el príncipe Carlos visitó Praga, Havel lo llevó a ver la celda donde había estado detenido. Para entonces la habían convertido en una habitación de hotel y, según contaban, era incluso más cara, justamente, por haber sido la celda de Havel. Un detalle que podía resultar bastante divertido”.
A muchos extranjeros, por último, puede sorprenderles que Havel no esté enterrado en el célebre cementerio de Vyšehrad.
“Su tumba está en el cementerio de Vinohrady. Y el motivo es porque allí estaban enterrados su abuelo y su padre. La tumba familiar está junto a la iglesia de San Wenceslao. Havel deseaba ser enterrado allí, así que ahí tiene, junto a la tumba familiar, su propia tumba, donde también está enterrada Olga”.
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