El Gobierno checo endurece su política antidrogas
El Gobierno checo ha dado un giro significativo en su política sobre drogas al adoptar un enfoque mucho más represivo, alineándose con las recomendaciones de la Policía Nacional.
El propio primer ministro Andrej Babiš reconoció que fue influenciado por el director del Centro Nacional Antidrogas, lo que ha llevado a que la policía fuera ganando peso en la toma de decisiones, incluso dentro de un gobierno que se presenta como de corte liberal en ciertos ámbitos.
El cambio supone el abandono de la línea más permisiva impulsada anteriormente por el exalcalde de Praga, Pavel Bém, quien defendía políticas de reducción de daños y mayor liberalización. La policía, sin embargo, logró imponer su visión más estricta, lo que se traduce en un endurecimiento general de la estrategia estatal frente a las drogas.