Se hizo millonario falsificando pinturas y ahora las exhibe en Praga
Wolfgang Beltracchi, condenado por fraude en el mundo del arte, ha “recreado” durante décadas obras atribuidas a grandes pintores. Su trabajo ahora ha llegado a Praga con una exhibición nada exenta de controversia.
Wolfgang Beltracchi es un pintor alemán considerado uno de los falsificadores de arte más prolíficos y exitosos de la historia. Durante años vendió pinturas que presentaba como si fueran obras perdidas de artistas reconocidos. Sin embargo, el ¿artista? no solo copiaba piezas ya existentes, sino que elaboraba nuevas composiciones y construía relatos verosímiles sobre su origen, lo que logró convencer durante años al mercado del arte, incluidas subastas, galerías y expertos, que verdaderamente creyeron que se trataban de obras originales. Fue una pequeña discrepancia en una de sus pinturas la que terminó por desvelar el engaño. Se descubrió que el pigmento blanquecino que había utilizado aún no existía en la época en la que supuestamente se habían creado las obras originales, lo que finalmente expuso que estas “obras perdidas” en realidad eran obras inventadas.
Beltracchi fue condenado por fraude a gran escala y el juez estimó los daños causados por su engaño en unos 16 millones de euros, y solo contando los casos comprobados. Además, la corte lo sentenció a seis años de prisión, aunque cumplió la mitad de la condena.
Ahora, las obras de Beltracchi se exhiben en todo el mundo, incluso en Praga. Aquellos interesados en dejarse engañar, a conciencia, pueden visitar por estos días una exposición del pintor en el Obecní dům, la Casa Municipal de Praga, llamada Divine Stories (Historias divinas) hasta el 25 de septiembre de 2026.
En entrevista para la Radio Checa, Beltracchi ofreció más detalles con respecto a cómo empezó su historia.
“Fue en los años 70 que comencé a vender pinturas por mucho dinero. El problema no era que no me podía ganar la vida con esto. Sencillamente, yo era diferente. Viajaba, era hippie, me drogaba y escuchaba música. Me la pasaba comprando pinturas viejas, hasta que un día pensé que las podía hacer yo mismo, así de fácil me pareció”.
En el mismo diálogo, Beltracchi se vanaglorió de su trabajo, tan bueno, según sus palabras, que nunca le trajo ningún problema. Juicios, multa y cárcel no parecen contar para este pintor alemán.
“Nunca en la historia ha habido un falsificador que haya logrado imitar todos los estilos de cada siglo. Para mí, por ejemplo, no hay diferencia entre el pop art y Leonardo da Vinci. Nada de esto es difícil, pero es extremadamente exigente. Para ellos hay que ser pintor y restaurador, comprender la ciencia, los pigmentos, básicamente todo. El resultado tiene que ser al 100%, de otra manera el riesgo de encarcelamiento es bastante grande. Me he dedicado a esto durante casi 40 años y no ha habido problemas. Todas mis pinturas fueron aceptadas por expertos de todo el mundo. Nadie dudó jamás. Y se exhiben hasta el día de hoy. Encontraron una de mis creaciones en el Museo Nacional de Madrid, que durante 33 años estuvo al lado de un Picasso. Hallaron otra en Japón. Otras todavía siguen circulando por el mundo”.
Ninguna obra ha resultado compleja para Beltracchi. Al menos, así lo asegura. Lo único que se necesita para hacerse pasar por otro pintor, sostiene, es sumergirse lo sufiiente en la obra original.
“Free method painting es muy parecido al free method acting. Uno encarna así al pintor justo como el actor interpreta a alguien más. Esto significa que ustedes quieren ser como él y penetrar en su modo de pensar. Esta es la tarea principal. Y es lo que hago precisamente en la pintura. Si echan un vistazo a lo que he creado, se darán cuenta de que todas las obras son distintas. No me gusta la repetición, no soy una máquina. Creo entre diez y doce pinturas al año, no más. Me pongo a pensar qué es bueno para la historia, qué quiero hacer y qué método quiero usar. Puede que le llamen estilo, pero a mí no me agrada esta palabra. No tengo estilo. A veces en las exhibiciones la gente me pregunta, ‘¿Cuál de estas pinturas es suya, señor Beltracchi?’. Y les contesto, ‘todas, pero cada una es diferente’”.
Muchos de los dueños de sus pinturas, no obstante, han optado por el anonimato. Según algunas fuentes disponibles, se trata de millonarios estadounidenses y europeos.
“En mi trabajo de falsificador, necesito unos diez minutos para absorber el trazo del pintor. Miro la obra y lo absorbo. Cada pintura me la imagino como una danza de colores. Si uno lo hace demasiado lento, es bastante difícil. Pero si es rápido, es otra cosa. Mano izquierda, mano derecha… Pienso que esto también se debe a la genética. Después de cinco o diez minutos, observo la pintura y ya puedo crear una nueva pieza. Y ojo, no una copia, sino una obra completamente nueva que nadie más había creado jamás con el mismo método”.
Wolfgang Beltracchi ha declarado con orgullo que puede imitar el estilo de más de cien pintores diferentes. Algunos historiadores del arte y expertos en el tema también advierten de que una parte de toda la historia que Beltracchi cuenta es más bien una leyenda cuidadosamente construida que una verdad verificada. Al mismo tiempo, enfatizan que no hay que olvidarse de que el artista haya hecho de sus estafas toda una marca.