“Nací en Miami, de origen español y peruano. Y tengo la suerte de tocar el corno francés en la Filarmónica de Brno”
Nicolás Pérez es un músico estadounidense, de sangre peruana y española, que toca con orgullo el corno francés en la Filarmónica de Brno desde hace cuatro años. El suyo es un instrumento exótico que él mismo no conocía hasta que vio uno y se enamoró. Ahora son inseparables. En esta entrevista, Nicolás habla de música, de su instrumento y su vida en Brno.
La RAE define la trompa o corno francés como un instrumento musical de viento que consiste en un tubo de latón enroscado circularmente que va ensanchándose desde la boquilla al pabellón, cuyo sonido se modifica por medio de pistones.
Ese es el instrumento de nuestro entrevistado de hoy, Nicolás Pérez, quien toca el corno francés en la Filarmónica de Brno desde hace cuatro años.
Así que Nicolás es cornista o trompista, ambas acepciones se aceptan como correctas.
Nacido en Miami, de madre madrileña y padre limeño, criado y educado musicalmente en Atlanta, con estudios de posgrado en Viena (Austria), Maguncia y Weimar (ambas en Alemania), Nicolás ha elegido el exótico corno francés como su compañero de vida y no se arrepiente de nada. Y lo de exótico lo dice él, no nosotros.
“Sí, ¡es un instrumento realmente exótico! Para ser honesto, ni siquiera sabía qué era un corno francés, hasta que vi uno. Cuando tenía 12 años, tuvimos la oportunidad de unirnos a un conjunto musical en el colegio y elegir un instrumento. Tenía curiosidad por ver qué había disponible y lo vi en el aula de música: el corno francés. Uno de los instrumentos más hermosos que jamás había visto, con su compleja estructura y su gran campana. Nunca había escuchado cómo sonaba uno tampoco. Por curiosidad, pedí probarlo durante la prueba de instrumentos. Los profesores de música siempre tienen escasez de trompistas, así que recibieron con los brazos abiertos a este joven curisoso, posible nuevo intérprete de este instrumento. Pude producir un sonido de inmediato y, desde ese día, se convirtió en mi instrumento. Lo que me encanta es el hermoso sonido cálido y aterciopelado que produce. El hecho de que un solo tono pueda realmente dar vida a la sala y evocar tanta emoción. Su papel en el conjunto es el de un camaleón, capaz de integrarse con los metales y las maderas, y servir de puente entre ambas secciones. Además, posee un rango expansivo tan amplio que permite trabajar con él, a la vez que cuenta con un registro medio predeterminado que se sitúa en el punto óptimo del conjunto. A medida que fui aprendiendo más sobre la trompa durante mis estudios, quedé fascinado por su capacidad de ser a la vez heroica y romántica en sus características”.
Nicolás Pérez reconoce que él siempre soñó con construir su vida profesional en Europa, pero la del músico es una profesión complicada y le ha costado mucho llegar hasta donde está.
“Volviendo a mis estudios de pregrado, participé en un programa de estudios en el extranjero en Viena. No tenía ni idea de en qué me estaba metiendo en ese momento, pero allí me enamoré de la música clásica. Al ver cómo estaba tan arraigada en la vida cotidiana, en cada esquina, me inspiré para construir mi vida en algún lugar de Europa. Estaba abierto a cualquier lugar cercano. Así que, después de terminar mis estudios de pregrado, me mudé a Alemania para comenzar mi maestría. Comencé en Maguncia, donde fui estudiante y becario del Teatro Estatal de Maguncia. Después, continué con mis estudios de posgrado en Weimar. Durante esos años, me presenté a todas las audiciones que pude imaginar para conseguir ese trabajo soñado en Europa. Mi profesor me había informado de que había una vacante para primera trompa en Brno. Así que me presenté a la audición y, para mi sorpresa, fui elegido”.
Porque las audiciones son siempre muy difíciles y competitivas, agrega Nicolás: uno o dos cupos para cientos de postulantes, así que ser elegido es casi como ganarse la lotería, sin exagerar.
“Después de la audición, estaba en un estado de incredulidad y shock total. Cada audición era como una lotería donde tocas y el resto queda completamente fuera de tu control. El comité me declaró ganador de la audición y me ofrecieron el puesto. Durante días, no dejé de pensar que se trataba de un sueño: un estado de incredulidad total. Para ser sincero, estaba bastante nervioso por empezar ya en la orquesta, lo antes posible. Esto ocurría justo después de la pandemia que había paralizado el mundo. No había dado un concierto público en años, y mi primer proyecto iba a ser la Sinfonía 4 de Mahler como primer trompista. Era un honor absoluto, pero también me sacaba de mi zona de comfort. Los conciertos salieron bastante bien y causé una buena impresión en mis compañeros. Tras una serie de actuaciones exitosas, empecé a adaptarme a mi nuevo rol. Desde el primer día, me recibieron en la Filarmónica con los brazos abiertos. Ser aceptado como nuevo compañero nunca fue un reto. Nunca antes había experimentado tal calidez, ni me imaginaba cuánto disfrutaría de esta carrera que acababa de comenzar. El idioma supuso una pequeña barrera en ocasiones, pero mis compañeros me ayudaron mucho durante la transición. Con el tiempo, empecé a aprender el idioma y a familiarizarme con las normas culturales”.
Si bien Nicolás no sabía mucho de la República Checa, y menos de Brno, antes de mudarse a este país, eso no fue un impedimento para lanzarse con todo a esta aventura.
“Supe de Brno durante mis estudios en Viena. El Concurso Internacional Leoš Janáček de Brno es muy popular entre los jóvenes músicos y oí hablar de él con frecuencia durante mi estancia allí. Brno está bastante cerca de Viena y a veces se comentaba entre mis compañeros. Además, aprendí algo sobre el Imperio Austro-Húngaro cuando estudiaba en la universidad, y Brno había sido una ciudad importante en aquella época. Reconozco que no conocía mucho la orquesta en sí. La República Checa en general era un lugar bastante misterioso para mí, y se fue desvelando cada vez más a medida que comenzaba esta nueva etapa aquí. Era una joya escondida esperando ser descubierta”.
Y reconoce que ser miembo de la Filarmónica de Brno es la mejor decisión que pudo haber tomado, que está muy feliz y muy satisfecho.
“Sí, sin duda, muy feliz con la decisión. Mis últimos años aquí han sido los más gratificantes de mi vida y cada día me gusta más. Cada día es una oportunidad para aprender y conocer gente nueva. He mejorado exponencialmente como músico y siento cada vez más pasión por lo que hago. Cada día aquí lo recuerdo con sincera gratitud. ¿Algún arrepentimiento? Ninguno en absoluto. Después de vivir aquí casi cuatro años, puedo decir con seguridad que estoy muy satisfecho con mi decisión. Y la calidad de la orquesta es increíble. Se suele decir Co Čech, to muzikant, que significa Cada checo es músico. Esto pone de relieve la tradición de la educación musical en las escuelas, que ha propiciado un alto nivel tanto en la música profesional como en la local. Siento un profundo respeto por mis compañeros de la orquesta. La música parece fluirles con tanta naturalidad. Es un gran honor trabajar y colaborar con ellos, y lo considero una inspiración diaria. El hecho de poder ir a trabajar y colaborar con estos músicos es un verdadero honor. Muchos dicen: Tengo que ir a trabajar. Yo digo: Tengo la suerte de ir a trabajar”.
Ahora Nicolás disfruta de la música checa como nunca antes, aunque por supuesto que sí conocía a algunos músicos checos antes de venir, imposible no conocerlos.
“Bueno, Dvořák es un compositor muy famoso cuya música se escucha en todo el mundo. Su música ha estado presente en salas de conciertos y emisoras de radio de todo el planeta de forma continua. Personalmente, conozco su música desde la infancia. La Novena Sinfonía es un clásico. Por otro lado, Janáček es muy famoso por su estilo inconfundible. Su Sinfonietta es muy reconocida y sigue siendo su composición más famosa. Para ser sincero, no lo conocía mucho antes de llegar a Brno. Se convirtió en un icono moravo a lo largo de la historia y, sobre todo, revolucionó la escena musical aquí en Europa central. Hoy, Brno se enorgullece del legado que dejó y seguimos honrándolo en nuestra programación y educación. Si bien durante mis estudios previos a mi estancia en Brno, las composiciones de estos compositores se consideraban en gran medida románticas tardías y se estudiaban como tales, cuando comencé a trabajar aquí en Brno, empecé a descubrir personalmente los distintivos estilos eslavos y moravos interpretados más allá de las notas. Smetana había compuesto la famosa Má Vlast (Mi Patria), que ya conocía, pero sus otras composiciones me eran completamente desconocidas. A Bohuslav Martinů, en cambio, no lo conocía. Pero era solo cuestión de tiempo para darme cuenta de que se trataba de una joya oculta. Solo cuando me mudé a Brno pude familiarizarme realmente con su música y su estilo tan particular. Fue una oportunidad para aprender a apreciar sus obras y su estilo. Era una evolución constante del característico estilo moravo, con un toque moderno”.
Y viviendo en Brno, Nicolás ha empezado a atar cabos y asociar la música clásica checa con sus raíces folclóricas moravas.
“La música checa abarca desde el folclore hasta el romanticismo y la música contemporánea. Está profundamente arraigada en el folclore y la identidad regional. A menudo, las melodías escritas por los famosos compositores mencionados anteriormente provienen de melodías transmitidas de generación en generación. Me parece tan hermosa y melódica, especialmente en las composiciones de la época romántica. También aprecio ese sentimiento de orgullo nacional entre los checos, interpretado a través de la música. Como anécdota personal, participé en algunos desfiles checos informales por pueblos rurales. Yo llevaba mi trompa, y otros checos llevaban sus instrumentos de viento. Fue un día precioso, yendo de puerta en puerta, tocando canciones folclóricas mientras disfrutaba de la gastronomía y el vino locales. Fue un día maravilloso de música folclórica morava, y al recordarlo, me di cuenta de lo profundamente arraigada que está la música en la cultura local. A menudo pienso en experiencias como esta cuando toco en la orquesta. Desde identificar una melodía de origen folclórico hasta escuchar el fraseo natural de mis compañeros, percibo el sutil patriotismo presente en la música”.