¿Qué sucede cuando regalas miles de euros a personas que viven en la calle? Un experimento checo arroja resultados contundentes
Un innovador experimento checo puso a prueba estereotipos errados al otorgar miles de euros a personas sin hogar. RPI conversó con Melanie Zajacová, líder de la investigación, quien detalló los resultados del proyecto.
¿Qué pasa si a una persona que vive en la calle le das, sin condiciones, el equivalente a varios miles de euros? El proyecto New Leaf Česko, un experimento realizado en Chequia e inspirado en iniciativas similares en Canadá, quiso responder a esta y otras preguntas de forma directa. Durante un año, un grupo de personas sin hogar recibió unos 4000 euros, mientras que a otro le fue asignado un trabajador social. Los resultados de la investigación han despertado un gran interés en los medios. La periodista Ruth Fraňková, de la redacción en inglés de Radio Praga Internacional, logró conversar con Melanie Zajacová, líder del equipo de investigación, quien detalló las conclusiones obtenidas.
Desmontando estereotipos profundamente arraigados
Uno de los principales objetivos del experimento era cuestionar ideas muy extendidas: que las personas sin hogar no quieren trabajar, que gastan el dinero en alcohol o que viven en la calle por decisión propia. Según Zajacová, los datos muestran una realidad muy distinta.
“Los hallazgos son bastante sorprendentes. Nuestros datos han desmontado estos estereotipos sobre las personas en situación de calle. Lo que vemos en los resultados es que no tenemos evidencia de que las transferencias de dinero sin condiciones conduzcan a un aumento en el gasto en sustancias adictivas o alcohol. Tampoco tenemos evidencia de que estas transferencias reduzcan las horas trabajadas o los ingresos obtenidos. Otro estereotipo —que las personas están en la calle por elección— se cuestiona con el hallazgo de que la mayoría gasta su dinero en vivienda, comida o ropa”.
En efecto, el estudio revela que las personas involucradas utilizaron el dinero principalmente para cubrir necesidades básicas, como comer mejor, comprar ropa adecuada o pagar un alojamiento temporal, puntos que no solo mejoran la calidad de vida, sino que también facilitan algo fundamental: poder presentarse a una entrevista de trabajo en condiciones dignas. Zajacová subrayó que, en realidad, estos gastos son esenciales porque, en el mundo laboral, “la vestimenta hace al candidato”.
El diseño del experimento
Para comprobar estos efectos de manera rigurosa, los investigadores diseñaron un experimento controlado, con criterios estrictos de selección y varios grupos de comparación.
“Al principio realizamos una selección inicial de la cual obtuvimos 420 participantes. Luego aplicamos criterios de selección: ciudadanos checos que llevaban en la calle no más de dos años, sin un alto riesgo de abuso de alcohol o sustancias y sin enfermedades mentales graves. De este grupo, seleccionamos aleatoriamente a 100 personas, que luego se dividieron en cuatro grupos. El primer grupo recibió una transferencia de dinero sin condiciones de unos 4000 euros (100.000 coronas checas). El segundo grupo fue asignado a un trabajador social. El tercer grupo recibió ambas cosas: el dinero y el trabajador social. El cuarto grupo fue el grupo de control, que no recibió ninguna intervención del proyecto”.
El proyecto comenzó en 2024 y se prolongó durante un año. La edad media de los participantes era de 45,5 años, y llevaban aproximadamente 20 meses sin hogar. Un tercio eran mujeres. En total, alrededor del 66% completó el programa, un dato que los investigadores consideran un éxito dadas las circunstancias de la muestra.
Más empleo, menos ingresos
Los resultados sobre el apartado del empleo fueron significativos. Al inicio, solo la mitad de los participantes trabajaba, con ingresos medios de poco más de unos 400 euros (10.000 coronas checas). Pasado un año, su situación cambió notablemente. En el grupo que recibió dinero, hasta el 80% encontró trabajo, con ingresos ligeramente superiores. En el grupo con asistentes sociales, aunque trabajaba una proporción menor, los salarios eran más altos, con una media de más de 600 euros (15.000 coronas). Sin embargo, estas cifras siguen muy lejos del salario medio en Praga, que ronda los 2600 euros (65.000 coronas mensuales), lo que evidencia las dificultades estructurales que enfrentan estas personas, incluso después de mejorar su situación.
El papel clave del acompañamiento social
Aunque el dinero permitió resolver necesidades inmediatas, el acompañamiento humano resultó decisivo en aspectos más profundos y sostenibles. Al ser consultada sobre qué grupo obtuvo los “mejores resultados”, Zajacová admite que no existe una respuesta única.
“Es una pregunta bastante compleja cuando se trata de identificar los mejores resultados, porque en todos los grupos hubo hallazgos interesantes. Lo que más nos sorprendió fue el resultado del grupo que solo contó con trabajadores sociales, quienes estaban disponibles para los participantes sin condiciones. Los participantes podían decidir hasta qué punto querían colaborar con el trabajador social pero sí establecimos algunas condiciones específicas para los asistentes: cada trabajador social colaboraba con solo con 20 participantes y no había carga administrativa relacionada con el proyecto. El hallazgo sorprendente fue que solo en el grupo asistido de esta manera se observó una mejora significativa en el bienestar mental de los participantes. Esto no se debió a la aplicación de ningún tipo de terapia, sino más bien a su enfoque basado en la confianza y al tiempo que podían dedicar a cada participante”.
Este enfoque basado en la confianza permitió generar una relación distinta entre profesionales y participantes. Los trabajadores sociales no actuaron como terapeutas, sino como acompañantes en situaciones complejas, ofreciendo orientación, estabilidad y pequeñas metas alcanzables en la vida cotidiana.
Otro de los puntos destacados de la investigación es que se pudieron observar cambios en el consumo de sustancias. Al inicio del programa, los participantes gastaban semanalmente cantidades moderadas en alcohol y drogas. Tras un año, en algunos grupos ese consumo disminuyó significativamente, e incluso desapareció.
Vivienda: el gran desafío
Pero uno de los indicadores más relevantes del éxito del proyecto fue el acceso y mantenimiento de la vivienda. Al inicio del experimento, muchas personas lograron encontrar alojamiento rápidamente, especialmente en el grupo que recibió dinero.
Sin embargo, mantener esa vivienda en el tiempo resultó más difícil. En este aspecto, el acompañamiento social marcó la diferencia, ya que permitió a los participantes sostener una situación más estable a largo plazo.
“Según nuestros hallazgos, al final del proyecto, el 60% de los participantes seguían teniendo un lugar donde vivir. Dos tercios de ellos pertenecían al grupo que tenía acceso a un trabajador social”.
Este dato refuerza la idea de que el dinero puede ser clave para salir de la calle, pero el apoyo humano es fundamental para no volver a ella.
Un modelo con proyección internacional
Este experimento checo fue verdaderamente innovador, pero no nació de la nada, sino que se inspiró en un proyecto previo surgido en Canadá, donde se comprobó que las transferencias directas de dinero podían reducir el tiempo que las personas pasan en la calle y en refugios, además de generar ahorros en servicios públicos.
Luego de haber realizado esta exitosa experiencia, los investigadores checos buscan poder replicar y ampliar este estudio en otras zonas del país y también en otras partes del mundo, apoyándose en la colaboración internacional.
“Este proyecto terminó hace unos meses y nos gustaría continuar basándonos en la investigación y los resultados del grupo con trabajadores sociales. Nuestro plan es repetir este enfoque en otras organizaciones y regiones de la República Checa. Además, ya contamos con colaboración internacional. Junto con colegas de Noruega y Corea del Sur estamos trabajando en un proyecto centrado en el trabajo social basado en la confianza y en la implementación del impacto de la inteligencia artificial para trabajadores sociales”.
El proyecto tuvo un coste de poco menos de medio millón de euros, financiado en parte por el Fondo Social Europeo, según un artículo de la Televisión Checa. Además de este estudio, los investigadores también se enfocan en el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial para apoyar a los trabajadores sociales, aunque subrayan que esta profesión no puede ser reemplazada por la tecnología.
¿Una inversión rentable para el Estado?
Más allá del impacto humano, una de las preguntas clave es si este tipo de intervenciones puede reducir el gasto público a largo plazo.
“Aún no lo sabemos. En este momento solo podemos decir que, desde una perspectiva humana, vale la pena confiar en las personas sin hogar. La respuesta desde el punto de vista económico debería estar disponible en otoño de este año”.