Kafka en los Andes: el artista argentino que ilustró una edición checa de El castillo

Ilustración para una nueva edición de El castillo de Kafka en checo

La aparición de las ilustraciones del prestigioso creador Luis Scafati en una edición checa de El castillo (Rybka) marca un hito muy poco común: un artista argentino dialogando desde la Cordillera de los Andes con la obra del más famoso autor praguense. En esta entrevista, el propio Scafati revela, entre otras cosas, cómo se gestó ese encuentro tan inesperado como natural.

Luis Scafati | Foto: archivo personal de Luis Scafati

Algo extraño y muy hermoso. Así define el ilustrador argentino Luis Scafati la experiencia de haber ilustrado una nueva edición de El castillo de Franz Kafka publicada nada menos que en Praga, es decir, en pleno territorio kafkiano.

“Lo había ilustrado ya en una edición en español para la editorial Sexto piso. Tengo la costumbre de ir transformando mi trabajo incluso después de publicado: lo veo con más tiempo y con más tranquilidad, y lo fui transformando. Y cuando esta persona me hace la propuesta, le digo: ‘mira, yo no tengo ningún problema, salvo que muchas de las imágenes las he cambiado, las he transformado’. Y fue así: es como una versión mejorada de otra versión que ya había hecho hace unos años, en el 2014”.

Una confusión cotidiana

“Kafka ha sido siempre para mí un compañero de ruta. Paradójicamente, uno de los primeros cuentos que yo siento que me influyó muchísimo en lo que hago es de él”.
Luis Scafati

Lo cierto es que Kafka es un autor que ha acompañado desde siempre a este artista argentino. De hecho, recuerda que, a los 18 años, lo inspiró a nivel visual la lectura de su relato corto Una confusión cotidiana.

“Kafka para mí ha sido siempre un compañero de ruta. Paradójicamente o extrañamente uno de los primeros cuentos que yo siento que me influyó muchísimo en lo que hago como dibujo es un cuento de Kafka. No me acuerdo, era un cuento muy corto que se llamaba Una condición cotidiana, algo así se llama, donde los personajes no tenían nombres, sino que se llamaba A, B, C. Y esa cosa yo la empecé a usar visualmente: no eran personas, sino letras. Y eso, es decir, cómo la literatura se introdujo en un hecho totalmente diferente como es el hecho visual, marcó, de alguna manera, toda mi producción”.

Transformándose con Kafka

La metamorfosis | Foto: Libros del Zorro Rojo

Si bien venía dibujando desde mucho antes, Luis está convencido de que esa lectura le abrió una puerta: hasta ese entonces, estaba mucho más anclado al realismo y, a partir de ese momento, empezó a incorporar motivos que tenían mucho más ver con la literatura, y sobre todo con ese universo tan especial de ‘la literatura de Kafka’. De hecho, considera que uno de los libros por los que su trabajo comenzó a hacerse conocido en el mundo es el que ilustra otra obra famosa de Kafka: La Metamorfosis, que luego de salir en español, se publicó también en Brasil, Inglaterra y Corea.

“Me llevó dos años de trabajo y nadie me lo encargó. Y me llevó dos años porque sentí que descubría algo que me estaba diciendo Kafka ahí respecto al artista con eso. Yo creo que La metamorfosis es una especie de autobiografía, o del significado de lo que es un artista en una familia, llamémosle: es un bicho raro, es un bicho raro un artista”.

ilustración para La metamorfosis - tinta témpera y aerógrafo sobre papel | Foto: Libros del Zorro Rojo

Explica Luis que, en ese momento, destinaba la mayor parte de su tiempo y energía a realizar ilustraciones para diarios y revistas, por lo que trabajar en un proyecto a largo plazo le permitió salir de la vorágine o, para decirlo en términos más kafkianos, seguir una línea de fuga.

“Ya cuando entro con El castillo cambia la cosa. Porque yo ya había incorporado ese mundo y esa lectura despertó imágenes que estaban dormidas, me brindó imágenes. Ya te digo, eso lo debo haber hecho en el 2014, y después he seguido trabajando. Eso es muy raro, pero uno va madurando y va sintiendo que hay otro tiempo en que el dibujo está terminado. Cuando hice la primera versión de El Castillo, habré tardado cuatro o cinco meses, pero yo sentía que había cosas que podrían haber sido mejor. Y, entonces, continué trabajando una vez que se publicó y todo sin ninguna expectativa de nada, sin la idea de publicarlo otra vez, sino que lo vas ajustando porque te gusta eso. Me gustó eso y quería terminar esos dibujos. No sé para qué, pero terminarlos. Y, bueno, surgió esta oportunidad y, además, lo publicaron hermosamente, porque como libro me encantó”.

En la librería | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Notas ilustradas

Sin lugar a dudas, el hecho de que ahora sus ilustraciones se publiquen nada menos que en la ciudad natal de Kafka demuestra que Luis Scafati fue capaz de expresar con sus imágenes algo que el texto de El castillo deja latente.

Kafka y Scafati en El Castillo | Foto: Rybka Publishers

“Mirá, yo no sé si he aportado algo, es más, yo siempre me cuestiono eso, ¿qué aporta uno como ilustrador a una obra que ya está prácticamente cerrada, ¿no es cierto? Un escritor hace una novela, hace un cuento, y eso vale por sí. Pero yo pienso que es casi como un libro anotado, en mi caso, cómo trabajo con una novela. Te cuento: en algún momento tuve una especie de vocación literaria, todo el que lee termina escribiendo y a mí algo de eso me pasó, quise escribir, pero un día descubrí que mi lenguaje era el dibujar, que mis relatos iban a hacerse con imágenes, con formas. Y ese fue un mecanismo por el cual empecé también a interpretar otros relatos, a anotarlos, a decir: ‘ah, mirá esto que está diciendo, Kafka’. Y de ahí surgía algo, una imagen, algo. Yo pienso que ese ha sido el nexo y, de alguna manera, lo que me llevó a entrar en otros lugares. Sí, me imagino yo que debe ser difícil para un público que se siente dueño de ese escritor, por ejemplo Kafka, que alguien venga y le imponga imágenes. Pero yo pienso que esas imágenes, de alguna manera, acercan también, acercan porque es otra mirada respecto a eso que está contando el escritor”.

Nuestra parte de noche

Edición ilustrada en español de El castillo | Foto: Sexto piso

Aunque Luis conoce muy bien la obra de Kafka, nunca fue todavía a Praga, por lo que la publicación de este libro parece marcar una buena ocasión para saldar esa cuenta pendiente.

“No, me encantaría. Vos sabés que he estado ahí cerca, una vez estuve a punto de llegar, pero me mató el invierno, el frío. Estuve un mes dando vueltas por Alemania y mi idea era ir ahí, a Praga, y me mató que me enfermé y tuve que volverme. Pero me ha quedado esa deuda porque a mí me encanta todo lo que produce: artistas, escritores, tiene algo que se emparenta, no sé por qué, con una especie de cosa oscura de mi parte”.

En lo que respecta al trabajo realizado con las ilustraciones de El castillo, explica Luis que esa misma oscuridad fue algo que tuvo muy en cuenta a lo largo del todo el proceso creativo.

“El castillo tiene un montón de cosas oscuras, muy oscuras, pero que se emparentan con la vida de todos. Yo siento eso, que cada uno de nosotros, de alguna manera, tiene un castillo al cual no accede. Y hay algunas ilustraciones donde se siente, se percibe, esa especie de fragmentación de lugares, de situaciones, donde hay personajes que no están del todo puestos. Y esa especie de división o de diferentes visiones que la vuelven casi una especie de pesadilla, con mi dibujo, trato de acercarme a eso”.

Ilustración para una nueva edición de El castillo de Kafka en checo | Foto: Rybka Publishers

Uno de los grandes atractivos de la edición en checo de El castillo (Rybka) con las ilustraciones de Luis Scafati es que, en su canto, las páginas van formando también una pintura. Y como si todo eso fuera poco, incluye los famosos dibujos de Franz Kafka. Luis Scafati sostiene que en esos trazos y líneas estrechas también late la desesperación de un artista que necesitaba expresar algo esencial, sin importar demasiado si lo hacía por el canal de los diarios, los relatos, las novelas, su propia vida o esos mismos dibujos.

“Porque tienen algo que… no quieren demostrar una maestría en nada, no quieren halagar, no quieren agradar, sino que es algo muy de él, una necesidad muy primaria. Yo sé que a Kafka le gustaba un dibujante que se llamó Alfred Kubin, él habla en sus diarios de Kubin, que tiene que ver un poco con lo que él hace, un poco. Era también un ilustrador muy oscuro, muy kafkiano, seguramente sin saberlo”.

El cóndor pasa

Luis Scafati nació en 1947 en la provincia argentina de Mendoza. Más tarde desarrolló su carrera en Buenos Aires, aunque hace relativamente poco, durante la pandemia, tomó una decisión crucial: mudarse a Vistalba, un pequeño pueblito al pie de la Cordillera de los Andes, cerca de la ciudad de Mendoza.

“Yo siento que El castillo es una metáfora de lo que es estar vivo”.
Luis Scafati

“Ayer, por ejemplo, estuve caminando por la montaña. Relativamente en poco tiempo estoy en la nada, en plena cordillera, mirando los cóndores. Es una belleza. Es una cosa totalmente diferente. Me traje todo y quemé las naves allá porque vendimos nuestro lugar y ahora estamos acá. Nos cambió mucho, cambió mucho en el hecho de lo natural, de tener, qué sé yo, un contacto real con los árboles, con los pájaros, sin romantizar la cosa, ¿viste? Pero porque extraño también: a mí me encantaba deambular por la librería y, de vez en cuando, nos vamos y lo hacemos, pero sí, cambia muchísimo. Y era una cosa que siempre yo pensaba, uno tiene como sueños a veces: algún día me gustaría... Yo, de alguna manera, tenía un pensamiento hippie de la vida, el hippismo se ve que me marcó a fuego cuando era joven y entrar en eso y estar acá, sí, fue un cambio rotundo, pero me gusta, no me arrepiento”.

Aunque la atmósfera tortuosa de El castillo hace pensar, de entrada, más en las grandes ciudades, Luis reconoce que algo de su experiencia en los Andes tiñó también esas ilustraciones que ahora circulan en librerías praguenses.

“Es un poco eso: descubrir tu vida circulando dentro de diferentes laberintos. Ahora estoy en este. Ayer estuve caminando por los cerros y veía venirse una tormenta. Y yo siempre siento esa cosa, porque, te cuento, tengo 78 años: uno está a esta edad, que me parece increíble porque sigo siendo el tipo que fui, el adolescente en este envase que envejece, pero voy descubriendo cosas y está ahí presente la muerte como pasaje, y todo eso yo lo voy relacionando; el hecho de recorrer estas especies de laberintos, que, de alguna manera, en alguno de los dibujos del libro, figura eso. Porque yo siento que El castillo es una metáfora de lo que es estar vivo”.

Ilustración para una nueva edición de El castillo de Kafka en checo | Foto: Rybka Publishers

Laberintos, elevaciones y hasta la propia nieve generan un curioso y atractivo sincretismo cromático en sus ilustraciones con la burocracia inexpugnable tan recurrente en la obra de Franz Kafka.

“Muchas veces vine, venía con frecuencia a Mendoza una vez al año y ver la nieve, ver todo eso sí estaba metido. Y sí, tenés razón que sale, es verdad. De alguna manera los seres humanos somos un paisaje también. Somos un paisaje, es verdad”.

Consciente de que vive en una zona conocida en Chequia y buena parte del mundo por el terrible accidente del equipo de rugby uruguayo Old Christians Club, ocurrido en 1972, revela Luis que, incluso para él, se trata de un recuerdo que le genera muchas reflexiones.

Edición en checo de El castillo ilustrada por un argentino | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Es extraño: no hace mucho, en el invierno, hice un viaje a Chile y volví en avión. Y, claro, vos ves montaña y montaña. Y, de repente, recordé a los sobrevivientes de ese vuelo. Y uno decía, pero ¿por qué no hicieron esto o aquello? Pero al ver las montañas de arriba, te aseguro que no sabés dónde, para dónde ir porque es todo igual, además de la inclemencia del invierno, ¿no? Ojo, porque, por ejemplo, hasta en verano suele hacer mucho frío allá arriba, imaginate lo que fue el invierno de esta gente ahí, sin comida. Porque, uno a veces dice: ‘¿por qué no hicieron esto si no estaban lejos de esa puerta kafkiana?’. Pero en realidad fueron dos los que supieron encontrar el lugar, la salida”.

La familia elegida

Entre los grandes referentes de su estilo tan particular que abreva un poco en el expresionismo, Luis destaca, por ejemplo, los grabados del alemán Otto Dix y a su compatriota Käthe Kollwitz, también las aguafuertes de Goya, al ilustrador Gerald Scarfe de The Wall y también el trabajo de los argentinos Carlos Alonso y Roberto Páez. A todos esos artistas él los define como una familia que siempre lo respalda.

Edición en checo de El castillo ilustrada por un argentino | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Y esa plantita se va transformando: viene el invierno, el otoño, luego la primavera y crece otra vez y pega un estirón. El dibujo es un hecho vivo, es un hecho vivo. A veces, quedan congeladas mis ilustraciones cuando las enmarco y les pongo un vidrio porque ya no me da para sacarle el vidrio y seguirlas tocando. Pero me acuerdo que el pintor francés Pierre Bonnard decía que, cuando vendía un cuadro y se lo llevaba al mostrador, en el camino empezaba a retocarlo”.

Muy vinculado al universo de la literatura, Luis ha ilustrado libros de otros grandes escritores como Edgar Allan Poe, George Orwell, Roberto Bolaño, Roberto Arlt y Ricardo Piglia. Sin embargo, pocos autores están tan presentes en su vida y obra como Kafka, con cuyos libros, dicho sea de paso, le gustaría en el futuro seguir trabajando.

“Me gusta mucho América, me gusta mucho. Como alguna vez dijo Fellini, que la quería filmar, aunque él nunca había estado, pero él decía que Kafka tampoco, o sea que era todo imaginación ese libro, y a mí me gusta eso. Creo que Fellini tuvo problemas económicos para poder concretar ese proyecto que hubiera sido una maravilla, estoy seguro. Para mí esa gente como Fellini son ilustradores de alguna manera: toman un relato y le ponen su impronta, sus imágenes. Yo he aprendido mucho de los directores de cine: de David Lynch, de Fellini, son maestros”.

Edición en checo de El castillo ilustrada por un argentino | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Como suele decirse, todo queda en casa. Porque no es casual que David Lynch se haya declarado en tantas ocasiones un artista abiertamente kafkiano.

“Kafka es un referente y, además, hay un monton de cosas que a mí me llaman la atención, coincidencias que, como yo digo siempre, son como mensajes secretos. Por ejemplo, él nació un 3 de julio y yo me casé un 3 de julio. Como que yo cambié o transformé mi vida un 3 de julio. O sea, ese número, el 3 de julio, que en ese momento yo no tenía idea que él había nacido un 3 de julio, así que, ahora, cada vez que festejamos nuestro aniversario, recordamos el cumpleaños de Kafka”.

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