Sin sexo: más de la mitad de los hombres checos menores de 25 años son vírgenes

Una encuesta reciente del Instituto Nacional de Salud Mental de la República Checa revela que cerca del 55% de los hombres jóvenes entre 18 y 25 años no ha experimentado nunca relaciones sexuales, un fenómeno que desafía las expectativas ante la normalización del sexo casual y se relaciona con cambios en el estilo de vida, el impacto de la tecnología y las redes sociales.

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Una sorprendente tendencia está tomando forma entre los jóvenes checos: casi el 55% de los hombres menores de 25 años nunca ha tenido relaciones sexuales, según un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de la República Checa. En el caso de las mujeres de la misma edad, el porcentaje se sitúa alrededor del 30%, un dato muy llamativo que ha despertado la atención de expertos y sociólogos.

Aunque tradicionalmente se sabe que los hombres suelen iniciar su vida sexual más tarde que las mujeres, el bajo nivel de actividad sexual entre los jóvenes continúa siendo motivo de análisis. Esta situación resulta aún más inesperada en un contexto donde el sexo casual ha perdido gran parte del estigma social que arrastraba en generaciones anteriores.

Según Markéta Šetinová, socióloga y terapeuta especializada en relaciones, un gran papel lo tienen los encuentros entre personas jóvenes.

Menos encuentros, menos sexo

Markéta Šetinová | Foto: Kateřina Cibulka,  Český rozhlas

“Sabemos que hay más mujeres con estudios universitarios que hombres, y que las mujeres jóvenes son más activas en el mercado laboral que los hombres. Todo eso influye en las oportunidades para establecer contactos y relaciones. Cuando una persona tiene pocos contactos sociales, le resulta más difícil conocer gente y acceder a relaciones sexuales de pareja”.

A su vez, sabemos que los encuentros entre personas han migrado en gran medida a las plataformas digitales. Según la encuesta del Instituto Nacional, un 13.4% de las parejas se conocen a través de aplicaciones de citas, una cifra que, sin embargo, debemos tomar con pinzas, según afirmó Šetinová en entrevista para la Radio Checa.

“Depende mucho de qué encuesta miremos. Si observamos los datos de Estados Unidos, allí el contacto a través de plataformas online domina claramente y podemos ver cómo crece. Más del 40% de las personas se conocen por Internet. En Chequia, el estudio del Instituto Nacional de Salud Mental incluía una gran proporción de generaciones mayores, por lo que todavía esperamos que el uso de las aplicaciones de citas siga expandiéndose, a medida que cada vez más jóvenes las usen para conocer gente. Si miramos una encuesta online que realizamos, por ejemplo, con Behavio, allí el porcentaje de contactos online es más alto: supera el 20%”.

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Sin embargo, esta mayor interacción virtual no se traduce en un aumento proporcional de encuentros sexuales ni en la preferencia por espacios tradicionales como bares o fiestas, que solo reúnen al 17% de la población.

Los expertos sugieren que esta disminución en la actividad sexual temprana refleja un cambio más profundo en los estilos de vida, donde las relaciones íntimas ocupan un lugar menos prioritario.

La digitalización también influye en la percepción de la intimidad, en particular a través del consumo de pornografía. El estudio señala que el 89.5% de los hombres y el 67.6% de las mujeres jóvenes han visto pornografía, aunque el mayor consumo se concentra en adultos de mediana edad.

Digitalización, aplicaciones eróticas y “satisfacción virtual”

Además, nuevas herramientas tecnológicas, como las aplicaciones eróticas basadas en inteligencia artificial, están ofreciendo formas alternativas de “satisfacción virtual”. Y aunque todas esas nuevas herramientas pueden ofrecer cierta seguridad, también contribuyen a una pérdida de la capacidad de conversar cara a cara, sugiere la socióloga.

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“Por un lado, el hecho de poder pensarlo bien, de tener la comodidad de preparar el tema o incluso escribirlo en el teléfono, de una forma que tal vez no podríamos expresar hablándolo, puede hacer que nos sintamos más abiertos a entablar esa conversación. Quizás, si no tuviéramos esta posibilidad, ni siquiera abriríamos ese tema. Esa es una de mis hipótesis. Por otro lado, coincido en que gran parte de la comunicación se está trasladando a la escritura, y eso, naturalmente, hace que tengamos menos práctica en la comunicación cara a cara. En mi experiencia profesional, veo que para muchas personas es difícil enfrentarse a conversaciones complicadas en persona, y que a menudo prefieren escribirlas. Incluso, hoy en día, pueden incluso preparar esas conversaciones hablando con el chat GPT”.

Los especialistas del Instituto de Sexología del Hospital General de Praga han notificado también sobre nuevas opciones digitales, que a su vez pueden generar ansiedad y reservas en los jóvenes para mantener relaciones sexuales reales, alejándolos del contacto físico. La influencia de las redes sociales y el aislamiento social durante la pandemia de COVID-19 también han afectado las habilidades sociales necesarias para conocer y relacionarse con eventuales parejas. Esta situación se examina en profundidad en el libro La generación ansiosa (2024) de Jonathon Haidt, que destaca el impacto global del entorno digital en la salud mental y la interacción social.

¿Más hombres que odian a las mujeres?

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Otro fenómeno alarmante relacionado con este tema es el aumento de grupos conocidos como “incels” o “celíbatos involuntarios”, principalmente hombres que sienten que la sociedad les niega el amor y la intimidad. Este sentimiento puede derivar en ideologías misóginas y de odio hacia las mujeres. Aunque el Ministerio del Interior de la República Checa reconoce la difusión de estas ideologías en línea, no existen datos concretos sobre la presencia de incels en el país.

¿Cuál es el resultado?

Este conjunto de factores no implica que los jóvenes checos renuncien al sexo, sino que sus formas de relacionarse y las expectativas sobre la intimidad están cambiando. La sexualidad parece evolucionar en nuevas direcciones, atravesadas por la tecnología, las nuevas normas sociales y la redefinición de las relaciones personales. “Confío en que esto también llevará a una reevaluación de las expectativas hacia la pareja, tanto en hombres como en mujeres, y a una reflexión sobre lo que esperamos de las relaciones en una época en la que la cuestión de género está cambiando profundamente”, concluye Šetinová.

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