La huella checa a bordo del Enola Gay, el avión que soltó la bomba atómica sobre Hiroshima
Joseph Stiborik, un checo nacido en Estados Unidos, iba a bordo del Enola Gay, el avión que lanzó el primer ataque nuclear de la historia en Hiroshima, del que este mes se cumplieron 80 años.
El avión estadounidense B-29 Superfortress Enola Gay, que bombardeó la ciudad japonesa de Hiroshima a finales de la Segunda Guerra Mundial, tiene también una huella checa en su tripulación. El origen de la familia de Joseph Stiborik fue confirmado hace varios años. Al principio, se creía que era descendiente de inmigrantes de Žďár nad Sázavou, pero en realidad su padre, Antonín Stibořík, nació en Blazice en la región checa de Zlín y su madre, Cecílie Capáková, provenía de Lotrinkovice, que hoy día forma parte de la ciudad de Frýdek-Místek, cerca de Ostrava.
Antonín Stibořík emigró a Estados Unidos a principios de siglo XX, cuando tenía 20 años. En 1907, se estableció primero en Oklahoma y luego se mudó a Texas. Su hijo, Joseph Anton Stiborik, nació el 21 de diciembre de 1914 en Hallettsville, a medio camino entre Houston y San Antonio. Entre sus familiares y amigos cercanos, se le conocía simplemente como Joe.
Stiborik creció con tres hermanas. También tenía un hermano, llamado Frank, pero él murió cuando tenía tan sólo un año. Su madre también falleció muy joven, poco después de dar a luz a su última hija en noviembre de 1920. En este tiempo, la familia ya se mudó a la ciudad de Taylor, donde se había formado una gran comunidad checa.
La familia de Stiborik era sumamente activa entre sus compatriotas. Por ejemplo, Antonín Stibořík trabajó en el diario checo Texaský rolník (El Agricultor Texano) y luego en otro periódico local publicado en checo, llamado Našinec (El Paisano).
Sueños de aviador
Joseph Stiborik se alistó en el Ejército estadounidense en 1940, más de un año antes de que el país entrara oficialmente a la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces vivía en Oklahoma, además ya se había graduado en la Universidad de Texas A&M y ya tenía su propia familia junto a otra expatriada checa, Helena Coceková. Joe Stiborik, sin embargo, soñaba con convertirse en piloto del Ejército estadounidense, pero, por desgracia, su daltonismo se lo impidió. Según su hija, pese a sus grandes esfuerzos para pasar las pruebas de salud, entre ellos comer muchas zanahorias, Stiborik repetidamente fallaba en las pruebas de visión.
Además, probó suerte en una escuela de cadetes para convertirse en piloto de planeador. No obstante, la escuela muy pronto cerró y esto obligó nuevamente a Stiborik a buscar otros caminos de desarrollo profesional. Al final, cumplió su meta en parte al completar otro tipo de formación de entrenamiento aéreo en Florida, donde no se le requería la habilidad de poder distinguir los colores.
A lo largo de sus estudios en Florida, en la escuela de radares, Stiborik conoció por coincidencia a Paul Tibbets, coronel de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos. Tibbets, en aquel momento, ya había completado 40 misiones de bombardeo en Europa y África del Norte y estaba involucrado en el desarrollo de una nueva generación de bombarderos, el Boeing B-29 Superfortress. Luego, se le asignó como comandante del grupo que tenía la tarea de transportar y lanzar armas nucleares. De hecho, esta unidad formaba parte del Proyecto Manhattan, una enorme entidad científica y militar de alto secreto en la que Estados Unidos invertía más de dos mil millones de dólares y para la que había contratado a más de 130.000 empleados.
El resultado de este empeño fue la creación de la primera bomba atómica de la historia. A partir del diciembre de 1944, aproximadamente 1800 personas fueron seleccionadas para formar 15 tripulaciones para trabajar en los bombarderos B-29. Stiborik estuvo designado como operador de radares en una de estas tripulaciones. Su tarea fue navegar el bombardero hacia su objetivo, así como rastrear aeronaves enemigas.
Desencadenar un infierno en Hiroshima
En agosto de 1945, la guerra en Europa ya había terminado, pero en el Pacífico, el Imperio Japonés todavía se seguía resistiendo a la gran superioridad de los Aliados. Los estadounidenses, recordando la dura experiencia que tuvieron en las batallas sangrientas en las islas de Iwo Jima y Okinawa, decidieron utilizar su recién desarrollada arma nuclear. El 5 de agosto, los 12 miembros de la tripulación a cargo recibieron instrucciones sobre sus tareas en el bombardeo. Los detalles técnicos se les comunicaron claramente, pero, según algunas fuentes, recibieron información vaga sobre “una bomba muy destructiva”.
En las memorias de Stiborik, se menciona que la noche antes del ataque, él asistió a una misa católica y empacó su talismán de la buena suerte: un gorro de esquí que había comprado durante sus vacaciones en Salt Lake City.
El 6 de agosto de 1945, a las 2:30 de la madrugada, el bombardero B-29 Superfortress bautizado como Enola Gay por el nombre de la madre de Tibbets, despegó de la base de la paradisiaca isla de Tinián.
El destino era la ciudad de Hiroshima, un centro industrial y militar crucial para Japón. Las consecuencias eran devastadoras: decenas de miles de víctimas mortales, una ciudad destruida, problemas de salud crónicos para los sobrevivientes. Sorprendentemente, el único edificio en el epicentro que se salvó en la explosión fue un palacio industrial, diseñado por el arquitecto checo Jan Letzel, que hoy forma parte del Memorial de la Paz.
Stiborik relató años después que tras el lanzamiento de la bomba, el piloto del Enola Gay, Robert Lewis, dio un giro brusco para alejarse el epicentro lo más rápido posible. Cuando la bomba estalló, el avión es encontraba a más de 14 kilómetros del lugar de la tragedia. Se sintieron temblores intensos y, como lo describió Stiborik, al principio pensó que se trataba de fuego antiaéreo, pero en realidad eran la onda expansiva de la explosión.
Después de Hiroshima
Después de la guerra, Joseph Stiborik regresó con su familia en Texas, donde se mantuvo aislado y nunca quiso hablar sobre sus experiencias durante la guerra ni mantener contacto estrecho con el Ejército después de su desmovilización en noviembre de 1945.
La única excepción fue en 1956 cuando en una entrevista para un periódico local expresó detalles sobre los primeros momentos después del lanzamiento de la bomba.
Stiborik falleció de un ataque cardiaco el 30 de junio de 1984 en su casa en Rockdale en Texas a la edad de 69 años.
El 9 de agosto de 1945, tres días después de Hiroshima, Nagasaki fue objeto del segundo y último ataque nuclear de la historia, provocando ya la rendición incondicional de Japón en la Segunda Guerra Mundial.