A 57 años de la invasión del Pacto de Varsovia que puso fin a la Primavera de Praga

El 21 de agosto de 1968, tropas soviéticas y de otros países del bloque socialista entraron en Checoslovaquia para sofocar las reformas democráticas, con la Radio Checoslovaca como símbolo de resistencia y escenario de enfrentamientos que dejaron decenas de muertos. Por este motivo, este jueves se realizó un acto frente a la Radio Checa, con la presencia del presidente checo Petr Pavel, quien alertó sobre las coincidencias del accionar ruso en aquel momento y la actualidad.

Los combates frente a la Radio Checa en agosto de 1968 | Foto: APF Český rozhlas

Este 21 de agosto se cumplen 57 años de la invasión de Checoslovaquia por parte de las tropas del Pacto de Varsovia. En la madrugada de 1968, los ciudadanos despertaron con la noticia de su país ocupado por los ejércitos de la Unión Soviética, Polonia, la República Democrática Alemana, Hungría y Bulgaria. La operación, ejecutada sin conocimiento del presidente checoslovaco, puso fin a las reformas de la Primavera de Praga, un período de liberalización política que había comenzado el 5 de enero de ese año.

La Radio Checoslovaca desempeñó un papel fundamental durante las horas en las que se produjo la invasión de agosto. Desde su sede en la calle Vinohradská, periodistas y locutores mantuvieron informada a la población, pese a los intentos de los invasores por silenciarlos. Fue el locutor Vladimír Fišer quien, a primeras horas de la madrugada, anunció oficialmente la ocupación a través de un comunicado extraordinario.

Frente al edificio de la Radio, cientos de ciudadanos levantaron barricadas e incendiaron vehículos soviéticos en un intento desesperado por frenar el asalto. Dieciséis personas murieron en los alrededores de la sede en esa jornada, mientras que la represión posterior elevó el saldo total de víctimas a 137 a lo largo de 1968.

Petr Pavel | Foto: Hana Řeháková,  Radio Prague International

El presidente checo Petr Pavel se hizo presente en el mismo lugar de los hechos, frente a la Radio Checa, este jueves para expresar su recuerdo que, según sus palabras, lamentablemente tienen que ver con el accionar actual de Rusia en territorio ucraniano.

“En cuanto a los hechos de lo que ocurrió aquí hace 57 años, hemos escuchado y todavía escucharemos mucho durante el día de hoy, por lo que me gustaría enlazar con las palabras del director general de la Radio Checa con una pequeña reflexión. Recordamos los acontecimientos históricos principalmente para honrar la memoria de quienes lucharon por nuestra libertad, por la forma de vida que hoy llevamos. Pero también los recordamos para aprender de ellos, para no repetir los errores del pasado. Y solo podemos aprender si la descripción de la historia y la actitud hacia ella son lo más objetivas posible. Lamentablemente —y no soy historiador, pero todos lo sabemos— el estudio de la historia puede realizarse buscando la máxima objetividad, que es lo que deberíamos perseguir, o bien con la intención de interpretarla en beneficio de una idea nacional o de una ideología.

Ya hemos visto muchas veces en el pasado a dónde conduce esa interpretación interesada de la historia. Lo fue en el caso de la Alemania nazi, que se consideraba destinada a gobernar el mundo, o en la visión que durante décadas utilizó la Unión Soviética y que hoy sigue usando Rusia”.

Foto: Hana Řeháková,  Radio Prague International

Según las palabras del presidente, aquel episodio de la historia checa marca un punto gris en el desarrollo de la democracia y deja en evidencia que la retórica rusa se mantiene constante a lo largo de las décadas.

Agosto de 1968 | Foto: Archivo de Pavel Macháček

“El enfoque ruso mostraba claramente que la historia debía servir a unos intereses. Si miramos atrás, la Segunda Guerra Mundial no fue interpretada por la Unión Soviética como un conflicto que comenzó en 1938, sino recién en 1941, con la invasión alemana de la URSS. Se ignoraba por completo el pacto Molotov-Ribbentrop y el reparto de Polonia entre soviéticos y alemanes. Y de manera similar, hoy Rusia afirma que no libra una guerra de agresión para someter a un país soberano, sino una ‘operación especial’ para proteger a los rusos y a los intereses rusos allí donde se encuentren. En 1968, ese mismo discurso se llamó ‘ayuda internacional’ contra una supuesta contrarrevolución que amenazaba al sistema socialista. A partir de esa interpretación de la historia, toda una generación vivió con una visión distorsionada del mundo. Nuestro objetivo debe ser, por tanto, que la mirada hacia la historia sea lo más objetiva posible. No solo en lo que nos honra, sino también en lo que tal vez no nos guste reconocer, pero que debemos recordar. Porque ni los acontecimientos ni las figuras históricas son unicolores, no son solo blancos o negros, sino que tienen todas las tonalidades de gris”.

Al igual que en el acto del año pasado, Pavel hizo referencia a la película Ondas, que relata la resistencia que llevaron a cabo los periodistas de la Radio frente a las fuerzas invasoras.

“Quisiera mencionar aquí la película Vlny (Olas), de Jiří Mádl, presentada el año pasado. Se relaciona muy bien con esta institución y con los hechos que hoy recordamos, porque muestra de forma precisa la diversidad de percepciones que existían entonces. Hubo personas que demostraron un enorme heroísmo al enfrentarse sin armas a los tanques, no solo aquí en Praga, sino también en otras ciudades checas y eslovacas. Pero también hubo personas que no sabían cómo interpretar la situación y estaban bajo la influencia de la propaganda, llegando incluso a pensar que lo que ocurría era, en el fondo, lo correcto.

'Velký vlastenecký výlet'  (El Gran Viaje Patriótico) | Foto: Stanislav Krupař,  Punk Film

Y de la misma manera, hoy vemos cómo, debido a distintas interpretaciones de la historia reciente y de la actualidad, muchos tienen una visión profundamente distorsionada del mundo. Ayer, por ejemplo, tuve la oportunidad de ver con el presidente del Senado y otros colegas la película Velký vlastenecký výlet (El Gran Viaje Patriótico), que es como una ventana al alma de aquellas personas que han sucumbido a interpretaciones alternativas de la historia. Personas que creen realmente que las amenazas están en otro lugar distinto al que la mayoría de la sociedad —y quizás del mundo entero— percibe. Por eso debemos prestar atención no solo a cómo interpretamos la historia lejana, sino también los acontecimientos más recientes. Es importante evitar las distorsiones, mantenernos fieles a los hechos y a los valores que han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos. Debemos ser capaces de distinguir lo que es correcto de lo que es maldad”.

El edificio de la Radio Checoslovaca en agosto de 1968 | Foto: APF Český rozhlas

En efecto, como mencionó el presidente checo, la voz de los periodistas se convirtió en un símbolo de resistencia. Věra Šťovíčková, corresponsal en África y Oriente Próximo de la Radio Checoslovaca, permaneció en el micrófono hasta los últimos instantes, narrando la aproximación de las tropas y pidiendo a los ciudadanos que se retiraran para evitar más muertes. Cuando los soldados irrumpieron en la sede, fue Karel Sedláček quien pronunció las últimas palabras antes de que la radio quedara bajo control soviético: “La Radio Checoslovaca desgraciadamente termina su emisión. ¡Viva la República Socialista Checoslovaca, viva la libertad, viva la amistad!”.

Věra Šťovíčková | Foto: Archivo de Věra Šťovíčková/Paměť národa

Aunque el edificio fue tomado, la resistencia informativa continuó. Desde estudios regionales y lugares improvisados en Praga, periodistas como Sláva Volný siguieron transmitiendo, recorriendo la ciudad con una grabadora para registrar tiroteos, entrevistas y escenas que reflejaban el clima de aquel día.

La redacción de Vinohradská no volvió a abrir sus puertas hasta el 9 de septiembre de ese año. El edificio, saqueado y destrozado, marcó el inicio de una nueva etapa dominada por la censura. Palabras como “ocupación” quedaron prohibidas, y cientos de periodistas fueron apartados de la radio.

Varios periodistas, como Šťovíčková, fueron expulsados. Sólo podrían regresar tras la Revolución de Terciopelo en 1990.

Hoy, a 57 años de aquellos hechos, la invasión de 1968 sigue siendo recordada como uno de los episodios más oscuros de la historia checoslovaca.

Foto: Hana Řeháková,  Radio Prague International
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