Los checos y el número de hijos

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Los pronósticos son más que alarmantes: la población de la República Checa envejece a pasos agigantados y para el año 2030 el país tendrá casi dos millones de habitantes menos, cifra de consideración si se toma en cuenta que la población actual es de 10 millones 300 mil habitantes según el censo efectuado en marzo de este año. Por si fuera poco, el 40 por ciento de la población checa del año 2030 será mayor de 60 años. Es que los jóvenes están renuentes a tener hijos.

Desde hace varios años las estadísticas vienen registrando en la República Checa mayor índice de mortalidad que de natalidad. El "árbol demográfico" que refleja la estructura de la población por edades se ha ido encorvando tanto que su copa amenaza con tocar tierra. Y de confirmar lo dicho se encarga el dato de que en el pasado año 2000 hubo en la República Checa 91 mil nacimientos y cerca de 109 mil defunciones por cada mil habitantes.

Y no es de extrañar, si a los jóvenes ya casi no les atrae el matrimonio y los que se casan - cada vez menos jóvenes últimamente- no quieren tener hijos, o sólo uno por carecer de los recursos y del tiempo que requeriría la educación y manutención de dos o más. Las estadísticas checas indican la cifra de 1,1 hijos por mujer.

La señora Dana Fürstová, que comparte la opinión de la inmensa mayoría de las checas en edades aptas para la maternidad, nos explica por qué los matrimonios de hoy no quieren tener vástagos, o sólo uno, y esto - en la mayoría de los casos - cuando la mujer ya "ha pasado la treintena".

Al Gobierno checo y a le empieza a preocupar el bajo índice de natalidad. Es que como la tendencia no cambie, en pocos años disminuirá considerablemente el número de personas en edad productiva y aumentará el de las que dependerán de pensiones o asignaciones. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Vladimír Spidla, quiere ponerle coto a esta desfavorable situación y para ello ha prometido "regalar" 50 mil coronas "unos 1300 dólares- a cada recién nacido en la República Checa. A ver si alguien "muerde el anzuelo".

Autor: Mónica Villegas Gallego
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