Libros en Chequia y los traductores-traidores

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En Italia se suele decir "traductor-traidor". El dicho, que se internacionalizó desde hace ya mucho tiempo, quiere indicar que todas las traducciones literarias pecan de infidelidad al texto original, porque en la realidad no existe una traducción totalmente exacta.

En el mercado de libros checos se han producido cambios trascendentales en el último decenio. En primer lugar, desapareció la censura ideológica y los libros se editan actualmente sin limitación alguna. Pero en segundo lugar, han surgido nuevos fenómenos que podemos resumir como respeto absoluto de los criterios de la oferta y la demanda. Y la oferta en los tiempos de "la rebelión de las masas", según dijera José Ortega y Gasset, es igual que las necesidades de los consumidores. Y estas necesidades son siempre, lamentablemente, mediocres.

Este hecho podemos registrarlo también en la esfera de las traducciones literarias. El mercado excluye, automáticamente, algunos temas o autores supuestamente "pesados", exigiendo la afluencia rápida de otros libros considerados como atractivos, a los que habitualmente se les denomina "best-sellers". Y precisamente aquí surge el problema con los traductores-traidores. Las ganancias de los traductores que están dispuestos a ocuparse de la literatura de alta calidad son, en la mayoría de los casos, pésimas. Para poder ganar más, hay que priorizar los temas y a los autores atractivos, así como la rapidez de la traducción, que a veces se asemeja a la fabricación en serie.

De ejemplo elocuente puede servirnos la reciente traducción checa de la monografía de la historiadora francesa, Andréee Bachoud, que lleva por título "Franco, o el éxito de un hombre ordinario". Se trata de una monografía bastante voluminosa con muchas informaciones desconocidas o, por lo menos, interesantes para los lectores checos. El criterio ideológico que aplica la hispanista francesa al papel histórico del Caudillo de España tenemos que dejarlo sin comentario. A veces es casi cómico. Lo más horroroso es la calidad de la traducción al checo del original francés.

La casa editorial y el traductor se encontraban, evidentemente, apremiados por el tiempo y la necesidad de penetrar rápidamente el mercado del libro. Además de ello, ninguna de las dos partes conocía la realidad histórica, política y geográfica de España. Por lo tanto, en el texto checo aparecen muchos absurdos o violaciones arbitrarias tanto del español como del checo. He aquí algunos ejemplos muy llamativos:

El traductor-traidor utiliza para la reina Isabel la Católica y Santiago de Compostela sus versiones francesas, lo que en checo resulta bastante ridículo. El checo respeta en estos dos casos sólo la versión española, así como las Cortes de España. Si en el texto aparece sólo "cortes", sin la declinación normativa, el lector checo tiene la impresión de que se trata, por ejemplo, de Hernán Cortés. En vez de Pamplona, el traductor denomina la capital de Navarra "Pampelona".

Aunque los checos conocen la famosa novela "Nada", de Carmen Laforet (entonces, la misma transcripción espanola), los editores les ofrecen la desconocida "chequización" que entraña el sufijo "ová", es decir, Laforetová. Al parecer, tampoco saben cómo se escribe Virgen María de Guadalupe ni lo que es El Valle de los Caídos. En una parte del libro el traductor viola incluso el propio checo, provocando la sesnsación de que Francisco Franco ordenó ejecutar a José Antonio Primo de Rivera. Y el último ejemplo: el traductor-traidor evidentemente no sabe bien qué significa la palabra "búnker" en el contexto del franquismo, inventando una acepción absurda "los extremistas de Bunkers". Pero,!Basta ya! Así sucede cuando un traductor-traidor se apura para ganarsey rápidamente su pan cotidiano.

Autor: Vít Urban
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