La maqueta de Langweil

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El reloj del ayuntamiento de la Ciudad Vieja Praguense acababa de dar las campanadas de una nueva hora nocturna cuando del Café Nekvasil, sito en el Mercado de Carbón, salió un grupo de patriotas checos desbordantes de alegría. El hombre que de momento toparon en medio de la urdimbre de callejuelas aledañas les pareció muy extraño, y su comportamiento todavía más.

Con pasos alargados medía y volvía a medir los frontispicios de las casas, con ojo experimentado estimaba la altura de las mismas, contaba las ventanas y trataba de memorizar la forma de cada una. Y así fueron encontrándolo una vez tras otra en varias de las callejas de la Ciudad Vieja Praguense y del aledaño Josefov, antiguo ghetto judío.

Los estudiantes terminaron por reconocer al individuo cuando iluminado por las farolas llegó a las callejuelas en dirección al Castillo de Praga: no era otro que el biliotecario de la Universidad praguense, Antonín Langweil, del que sabían que desde hacía tiempo trataba de hacer en cartulina una maqueta de la capital del Reino de Bohemia. Es que los diarios praguenses, tan leídos por el grupo de jóvenes patriotas, no hacían más que hablar de la obra de Langweil en superlativos: "no hay casa, iglesia, o rincón que no aparezca en su Praga de cartón".

Antonín Langweil había llegado a Praga en 1820 procedente de la ciudad de Ceský Krumlov, en Bohemia del Sur. Después de intentar salir adelante con un taller de litografía y de que éste no lograra vencer la competencia de la entonces ya famosa imprenta de Schonfeld, gracias a la ayuda de varios antiguos clientes suyos de la poderosa aristocracia capitalina Langweil consiguió el puesto de bibliotecario de la Universidad de Praga.

A Praga, encrucijada europea de rutas comerciales y culturales llegaban constantemente por aquel entonces artistas de las más diversas corrientes y culturas. Y así fue como también a la capital del Reino de Bohemia llegó en 1825 el artista francés Symphorien Caron, con su maqueta de París hecha de yeso, que en la concurrida y céntrica Avenida Nacional expuso a la curiosidad de los praguenses. De más está decir que entre ellos estaba el bibliotecario de la Universidad, a quien el París de escayola impresionó tanto que decidió hacer una maqueta de la también "partida en dos por un río" ciudad de Praga, sólo que en lugar de yeso, en cartulina, que se adaptaba mejor a la silueta de los edificios. El día de su 35 cumpleaños, en junio de 1826, Langweil inició su obra.

No llevaba trabajando en ella 2 semanas cuando del patio del Klementinum fue echado por el portero del seminario arzobispal y por el propio rector. El desagrado de la institución eclesiástica que junto con la Universidad tenía su sede en el Klementinum, llevó a Langweil a solicitar ayuda al gobierno de la ciudad, que le otorgó permiso para la medición y examen de los edificios capitalinos. Sin embargo, a partir de entonces prefirió trabajar de noche, cuando la probabilidad de ser molestado o interrumpido era menor.

Pero sigamos las huellas del grupo de jóvenes patriotas checos y del singular bibliotecario de la Universidad de Praga por callejuelas y edificios que transpiran historia, y que si bien fueron transformando su rostro en otros estilos posteriores con el paso de las décadas siguientes, quedaron plasmados para siempre con el aspecto en que llegaron hasta mediados del siglo pasado, en la maqueta de cartulina de la capital del Reino de Bohemia que nos legara Langweil.

Así, por ejemplo, en la esquina de la entonces llamada Calle de los Dominicos -hoy Calle Hus- se levanta un enorme edificio con una taberna en bajos que nos oculta un tanto el frontispicio de la iglesia gótica de San Gil con el aledaño convento de dominicos, que nos obliga a reconocer que hasta allí llega el edificio de la Tecnología Checa. El instituto educacional todavía a principios del siglo XIX llevaba el nombre de Escuela Estamental de Ingeniería, y se había asentado en ese lugar en 1786 tras la clausura del seminario de San Venceslao, en la época del Despotismo Ilustrado y del fin de la escolástica eclesiástica del emperador José II de Habsburgo.

Continuamos hacia la Plaza de Belén, que cada patriota checo -como los del grupo de jóvenes que seguimos- vincula con el maestro Juan Hus. De la capilla de Belén -que para la predicación checa fundaran Juan de Muhlheim, cortesano del rey de Bohemia Venceslao IV, a fines del siglo XIV, y el patricio de la Ciudad Vieja Praguense, Kri", a principios del XV- nos ha llegado sólo la sacristía rodeada de una serie de edificios. La capilla de entonces, en la que predicara el reformador checo Juan Hus y donde un siglo más tarde buscara en vano el predicador alemán, Thomas Muntzer, las huellas del radicalismo husita checo, fue comprada en 1661 por los jesuitas, que la transformaron en una iglesia católica.

Después de que la Compañía de Jesús fuera disuelta por el Papa Clemente XIV en 1773, la Capilla de Belén fue cerrada y derribada en 1786.

En la época en que Langweil creara la maqueta de Praga, en ese sitio se levantaba ya un edificio de estilo neoclásico que unía el entonces colegio mayor de la adyacente calle de Nazaret con la llamada "Casa de los Predicadores" -en la que vivió el reformador religioso Juan Hus a principios del siglo XV- y también con la antigua sacristía.

Con la reconstrucción en estilo neogótico efectuada a mediados del pasado siglo XIX, casi desaparecieron los restos conservados de la original Capilla de Belén, aunque la tradición histórica checa no olvidó el legado de Hus.

A lo largo de los casi dos siglos siguientes, la maqueta de Antonín Langweil serviría a los especialistas en monumentos y arquitectos encargados de la renovación de la praguense Capilla de Belén. Y precisamente una de las personalidades cumbre de este colectivo, el arquitecto Alois Kubicek, se convertiría con el tiempo en administrador de la Praga en cartulina del famoso bibliotecario y en autor de una amplia monografía sobre el mismo.

Y ahora nos despedimos de Antonín Langweil, autor de la maqueta en cartulina que nos muestra la Praga de hace casi dos siglos, cuando todavía los barrios históricos de la capital del Reino de Bohemia -que hoy forman el impresionante casco histórico- tenían sus murallas. Y también de su valioso legado, expuesto al interés de todos en el Museo Municipal de Praga.

Autor: Mónica Villegas Gallego
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