Jicín

Jicín - puerta del Paraíso Checo, foto: Ben Skála, CC BY 3.0 Unported

Esta vez visitaremos la ciudad de Jicín, ubicada a 70 kilómetros al nordeste de Praga, ciudad que vivió su época estelar durante la gobernación de Alberto de Wallenstein, insigne jefe militar de la Guerra de los 30 años, en el siglo 17.

Jicín - puerta del Paraíso Checo, foto: Ben Skála, CC BY 3.0 Unported
Llegamos a Jicín desde la llanura del río Elba y así los cerros que protegen la ciudad del lado norte nos parecen verdaderas montañas, aunque, por ejemplo, el Tábor alcanza tan sólo unos 680 metros. Nos damos cuenta de que en Jicín hace más frío que en Praga. Es que se nota que no está muy lejos la sierra más alta de Bohemia, los Montes Gigantes.

Para llegar al casco antiguo de la ciudad de Jicín, fundada hacia el año 1300, tenemos que subir a un planalto, rodeado por el río Cidlina. Pasamos por calles edificadas a finales del siglo 19 y principios del siglo 20 cuando Jicín conoció un singular auge económico.

La avenida Hus, convertida en los últimos años en zona peatonal, nos impresiona por la monumentalidad de sus edificios construídos en estilo seudorenacentista, arte nuevo y funcionalista. Los edificios, remozados, vuelven a lucir su belleza. Nos sorprende también la extraordinaria animación de esta arteria, repleta de concurridas tiendas, pastelerías y restaurantes.

Paraíso Checo, foto: Štěpánka Budková
Vemos un grupo de turistas alemanes, otro de jóvenes holandeses y muchos turistas nacionales con su mochila. Jicín, además de atesorar valiosos monumentos históricos, es considerada como puerta del llamado Paraíso Checo, región llena de castillos, palacios y singulares bellezas naturales. A tan sólo 8 kilómetros de Jicín están ubicadas las Rocas de Prachov, un laberinto de curiosas formaciones de piedra arenisca. En 1813 las había visitado el emperador austríaco Francisco I.

El torrente de visitantes se precipita a através de la avenida Hus hacia la altísima Torre de Valdice que da acceso al casco histórico de Jicín. Todos estamos impacientes por conocer in situ cómo Alberto de Wallenstein, jefe militar del siglo 17, plasmó en Jicín su ambicioso sueño de transformar la ciudad en la espléndida capital de su ducado de Frýdlant.

Puerta de Valdice, foto: Petr1888, CC BY-SA 3.0 Unported
Pasamos debajo del arco de la Puerta de Valdice, una de las tres puertas por las que se entraba en la ciudad de Jicín. El nombre de la puerta se debe a que por ella se va al vecino pueblo de Valdice donde Wallenstein construyó una cartuja.

En el pasado, la Puerta de Valdice formaba parte de las fortificaciones de la ciudad del siglo 16. La imponente puerta, construída entre los años 1568 y 1580, mide 52 metros. Está abierta al público y los visitantes pueden subir sus 156 peldaños y disfrutar de una hermosa panorámica de la ciudad y de sus alrededores donde destacan los cerros Velis y Kumburk, encimados por sendos castillos, y la colina Zebín, resto de un volcán extinto en la Era Terciaria.

Tras pasar por la Puerta de Valdice, ante el visitante se abre la espaciosa Plaza Wallenstein cuya superficie es de 13 mil metros cuadrados. En los cuatro lados de la plaza hay arcadas.

El templo de San Jacobo, foto: Jedudedek, CC BY-SA 3.0 Unported
Antes de entrar en la plaza, vemos el monumental templo de San Jacobo, uno de los testimonios de los audaces planes de Alberto de Wallenstein, jefe de las tropas de los Habsburgos austríacos durante la Guerra de los Treinta Años. La iglesia se destinaba al futuro obispado, proyecto que Wallenstein no llegaría a realizar.

Alberto de Wallenstein se hizo del feudo de Jicín tras la Batalla de la Montaña Blanca, librada en los alrededores de Praga en 1620. En la Montaña Blanca el bando católico derrotó a los protestantes y, lógicamente, los vencedores se repartieron el patrimonio de los vencidos.

Al ambicioso Alberto de Wallenstein le tocó el feudo de Jicín. Wallenstein quería convertir la ciudad en sede de una universidad y de un obispado, en Jicín debía sesionar la dieta de su ducado de Frýdlant, desde 1628 Wallenstein acuñaba en Jicín moneda propia. En la Plaza Mayor de Jicín mandó construir un magnífico palacio.

Pero el desenlace de la vida de Wallenstein, ciego de ambición, fue trágico. El jefe militar que aspiraba a ceñir la corona checa, fue asesinado por orden de la corte austríaca en 1634. Entre otros proyectos quedó inconcluso también el templo de San Jacobo, construido en lugar de varias casas demolidas por Wallenstein al pie de la Torre de Valdice.

En el poco tiempo de que dispuso para ello, Wallenstein realizó una grandiosa remodelación de Jicín. En lugar de casas expropidas en la Plaza Mayor edificó un nuevo palacio y para los burgueses fundó la llamada Ciudad Nueva. En el palacio que tiene tres patios con hermosas arcadas, trabajaron los arquitectos italianos Andrea Spezza, Giovanni Pieroni y Nicollo Sebregondi.

Una placa en el palacio de Wallenstein en Jicín indica que éste fue construído sobre los restos de un palacio anterior de los nobles de Smirice que había volado por los aires. La verdadera causa de la tragedia, ocurrida el 1 de febrero de 1620, jamás se averiguó.

Aquel día llegó al palacio una comisión real para desalojar de él a Elisa de Smirice porque un tribunal corrupto había decidido un pleito sobre este patrimonio a favor de la hermana de esta noble señora. Elisa de Smirice, dispuesta a defender su patrimonio, bajó al sótano para distribuir la pólvora a sus soldados.

De repente se oyó una terrible explosión y el palacio voló por los aires, sepultando en los escombros a los protagonistas del pleito. Jamás llegó a saberse si la tragedia había sido causada por un soldado borracho o si prendiera fuego a la pólvora la deseperada dueña de Jicín, Elisa de Smirice.

Jičín

Wallenstein llevó a cabo también un audaz proyecto paisagístico en los alrededores de Jicín. Para conocerlo salimos por la puerta de Valdice y después de unos centenares de metros entramos en una larguísima alameda...

Dicha alameda, fundada por Wallenstein, mide casi 2 kilómetros y comunica Jicín con el llamado Jardín Ameno- Libosad-, un extenso parque con un palacete de verano, construído en estilo barroco entre 1630 y 1634 según el proyecto de Nicollo Sebregondi.

En la alameda conducente a Libosad crecen en cuatro filas 1200 tilos. Desde los tiempos de Wallenstein los árboles de la alameda han sido renovados tres veces.

A través de la alameda llegamos al pueblo de Valdice donde Alberto de Wallenstein fundó una cartuja. Lamentablemente, no podemos visitar este singular conjunto conventual del barroco temprano. En 1782, el emperador José II cerró el convento y a mediados del siglo 19 fue transformado en una penitenciaría.

El castillo de Kumburk, foto: Petr1888, CC BY-SA 3.0 Unported

Satisfecha nuestra curiosidad de ver desde fuera el penal de máxima seguridad de Valdice regresamos a Jicín por un sendero turístico de 4 kilómetros, al pie de la pintoresca colina de basalto, Zebín. Sabemos que volveremos a Jicín para emprender excursiones a las Rocas de Prachov y los castillos de Kumburk y Velis. Y después se lo contaremos todo, amigos oyentes.

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