En lo alto de una grúa, madre e hija transforman los desechos en calor y energía

Ivana Neufussová trabaja desde hace más de 30 años como operadora de grúa. Junto con su hija, que eligió la misma profesión que ella, forman un equipo que ayuda a transformar los desechos en energía eléctrica y calor para los hogares de Praga.

En una cabina ubicada a 24 metros de altura sobre un montón de residuos, la operadora de grúa Ivana Neufussová compartió la experiencia de su profesión con Radio Praga Internacional. Su tarea consistía en recoger con la máquina toda la basura para su posterior procesamiento en la incineradora de Praga-Malešice.

Foto: Zdeňka Kuchyňová,  Radio Prague International

“Acá llegan varios tipos de camiones, los de basura, los que tienen contenedores e incluso camiones privados que descargan aquí sus desechos y a quienes manejamos las grúas nos toca mezclar bien esa basura, juntarla de nuevo y trasladarla luego en unas tolvas. Lo de mezclar la basura previamente es un proceso muy importante para que no se trate de un material uniforme y, por lo tanto, pueda arder bien”.

En el vertedero donde trabaja Neufussová hay en total cuatro tolvas distribuidas en cuatro espacios. Tal como ella misma expresó, el trabajo que hace, es decir, la recogida y el traslado de la basura a las tolvas, se realiza también con la ayuda de la tecnología moderna.

“Las tolvas conducen directamente a unas calderas y éstas hay que cargarlas respetando ciertos intervalos de tiempo que determina una computadora. Nosotros debemos guiarnos por las instrucciones que aparecen en el ordenador y vamos enviando un nuevo cargamento a las calderas a medida que las vamos recibiendo”.

Hija de tigre

En la propia grúa que tiene como principal objetivo reunir la basura suelen turnarse dos operadores. Claro que en el caso de Ivana Neufussová se da la particularidad de que la persona con la que ella se turna es nada menos que su hija.

Foto: Zdeňka Kuchyňová,  Radio Prague International

“Creo que lo mejor que pudo heredar de su madre realmente lo heredó, es decir, los genes para manejar una grúa, y me parece genial. Nosotras nos llevamos muy bien, solemos sentarnos juntas en la cabina de la grúa y no recuerdo habernos peleado nunca por cosas de trabajo o algo así, lo que está muy bien”.

Por otro lado, no deja de ser una curiosidad que realmente puede llamar la atención de quienes visiten el predio, el hecho de que en el vertedero de Malešice es posible observar también un sinnúmero de palomas, que suelen acompañar a Ivana Neufussová en su trabajo todos los días.

“Así es, tenemos aquí muchas palomas que vienen en busca de algún alimento. Y en este tema debo decir que, aunque me es un poco desagradable, aquí entre la basura las palomas siempre encuentran algo para comer, la verdad es que encuentran mucha comida”.

Las alquimistas de Malešice

Cuando en Chequia, concretamente en Praga, alguien menciona la incineradora de Malešice, todos suelen imaginar que en ese sitio se amontonan residuos que luego se queman y de ellos sólo queda el humo que sale por la alta chimenea local. Pero recién al visitar el lugar nos damos cuenta de lo que realmente ocurre con los desechos que allí se depositan.

Foto: Zdeňka Kuchyňová,  Radio Prague International

“En base a los residuos, aquí en la incineradora de Malešice se produce energía eléctrica y calor para unos 20.000 hogares en Praga. Los lunes son los días más intensos: solemos llegar a procesar hasta 1800 toneladas de desechos. Aunque últimamente los demás días tampoco quedan muy por detrás porque procesamos entre 1400 y 1500 toneladas de basura al día. Es una masacre: los ganchos de la grúa pueden recoger simultáneamente hasta cinco toneladas de basura, pero solemos recoger unas tres toneladas cuando vamos a cargar nuevamente una caldera”.

De acuerdo con la gruista Neufussová, como en cualquier otro tipo de trabajo, también en este puede darse a veces algo inesperado y hasta desagradable. Puede cortarse un cable de la grúa o producirse otro tipo de avería pero, como ella misma asegura, imprevistos de ese tipo solo le han sucedido muy pocas veces durante los 30 años que lleva trabajando como operaria de grúa. Por otro lado, asegura que no fue nada fácil cumplir con todos los requisitos que exige su profesión.

“Entonces, cuando yo era joven y quería ser gruista, tuve que pasar primero por un test para verificar mi salud psíquica, luego teníamos exámenes prácticos y también de teoría, estos últimos en forma escrita. Ya a los 12 años de edad tuve la posibilidad de subir a la cabina de una de estas grúas de gran altura y fue entonces que decidí ser operaria. Y cuando más tarde cumplí con todos los requisitos, comencé a trabajar cerca de Praga, en la acería Poldi Kladno”.

Grúas no eran las de antes

Desde entonces, Ivana Neufussová trabajó ya en varias empresas manejando diversos tipos de grúas, aunque reconoce que, hasta el presente, nunca ha tenido la oportunidad de vérselas con un tipo específico de esas máquinas.

“Así es, nunca me tocó manejar una grúa de gran altura, como una torre, de las que se utilizan en el ámbito de la construcción. Son esas grúas que podemos ver en lugares donde se construye algo nuevo y alto, que pueden girar a cualquier lado y se mueven por unos rieles. Eso no lo probé nunca en mi vida”.

Foto: Zdeňka Kuchyňová,  Radio Prague International

De acuerdo con Neufussová, la grúa en la que trabaja ahora y que tiene una cabina cerrada con una cocinita y un baño, es muy cómoda en comparación con las de antes. En las antiguas había que subir por una escalera especial a la cabina, que permanecía abierta, con lo cual las inclemencias del clima podían llegar a jugar una mala pasada al punto de poner en riesgo el trabajo.

“En invierno, por ejemplo, se nos congelaban las catenarias, había que calentarlas de a poco y volver a poner de a poco todo en funcionamiento. También el viento nos ocasionaba grandes problemas. A veces el viento era tan fuerte que te empujaba de un lado a otro en la cabina abierta y eso era muy peligroso. Además, en esas cabinas hacía frío, todo era de vidrio para tener mejor vista. Más tarde nos fabricaron una calefacción especial que instalaban en la cabina, entonces era mejor. Y una la encendía cuando hacía falta”.

El ego típico de los hombres 

Se sabe que las mujeres comenzaron a realizar algunos trabajos considerados por ese entonces masculinos ya durante la Primera República, aunque de manera excepcional. La cifra comenzó a aumentar después del golpe comunista de 1948, por razones que tienen que ver incluso con la escasez de mano de obra masculina tras el final de la Segunda Guerra Mundial. En todo caso, es posible pensar que esa aparente igualdad entre hombres y mujeres haya sido producto de una herramienta de propaganda comunista, más que un verdadero esfuerzo de emancipación.

La operadora de grúa Libuše Kaminská  (1962) durante la construcción de la ciudad Havířov | Foto: Věněk Švorčík,  ČTK

En el caso concreto de las operarias de grúas, se sabe por los archivos que ya en los años 20 del siglo pasado había mujeres que desarrollaban esa profesión en Checoslovaquia. Existen, por ejemplo, artículos acerca de una mujer gruista que llegó a los 96 años de edad y dedicó la mayor parte de su vida a ese trabajo. Más tarde era, sobre todo, en la empresa Poldi Kladno donde podían verse también algunas operarias. En la actualidad es algo normal ver a una mujer manejar una grúa pero Ivana Neufussová revela que, al menos cuando ella comenzó a trabajar, al principio los hombres la miraban de reojo.

“Así es, vigilaban muy de cerca mi trabajo. Además, en ese entonces, no había otra mujer gruista en esa misma empresa, así que varias veces me tocó escuchar a mis colegas decir y comentar que una mujer no puede aguantar el peso de una grúa, ese machismo, el ego típico de los hombres. Pero muchas mujeres han demostrado ya en aquella época que son capaces de cumplir con las mismas tareas que los hombres y eso vale también para la profesión de operadora de grúa”.

Agrega Neufussová que, en la actualidad, cuando se organiza alguna excursión al vertedero de Malešice, con frecuencia las personas dicen estar convencidas de que, a la hora de llevar a cabo esa profesión, las mujeres son mucho más precisas que los hombres porque tienen más sensibilidad para manejar la grúa y cumplir todas las tareas derivadas de esa labor.

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  • Mujeres que inspiran
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