Checoslovaquia y los servicios de espionaje

Edvard Benes, Foto: CTK

Se dice que el espionaje, al igual que la prostitución, es la más antigua profesión de la civilización humana. Sin embargo, en lo que se refiere a la antigua Checoslovaquia y sus sucesores Repúblicas Checa y Eslovaca, el verdadero auge del espionaje profesional data tan sólo del período de la Primera Guerra Mundial.

Los primeros capítulos de la historia de los servicios de inteligencia en los territorios checo y moravo comenzaron a escribirse durante la Primera Guerra Mundial.

Edvard Benes, Foto: CTK
Las informaciones que proporcionaban a la Entente los futuros presidentes checoslovacos, Tomás Garrique Masaryk y Edvard Benes, tenían mucha importancia para los políticos eurooccidentales. Gracias a estas informaciones confidenciales, encaminadas al desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro, tanto en Europa Occidental como en EE.UU. se empezó a tomar en cuenta la resistencia antihabsburga en las tierras de la Corona Checa y Eslovaquia.

Tras finalizar la Primera Guerra Mundial y surgir la República Checoslovaca, en 1918, los servicios de espionaje y contraespionaje civiles y militares centraron su atención principalmente en Austria y Hungría, los dos Estados dominantes de la antigua monarquía de los Habsburgo.

Tan sólo a comienzos de los años 30, cuando el poder en Alemania pasó a manos de Adolf Hitler y del partido Nazi, los servicios de inteligencia checoslovacos cambiaron su orientación. Sin embargo, ese cambio se produjo demasiado tarde. Checoslovaquia fue desmembrada en 1938 y Hitler ocupó Bohemia y Moravia en 1939.

Adolf Hitler
Sin embargo, en la antigua Checoslovaquia casi nadie intuía cuán peligrosos eran para la joven república, ya desde los años veinte, los espías soviéticos. Remitiéndonos al testimonio del ex agente de la KGB soviética, Oleg Kalugin, podemos resaltar que los servicios de espionaje soviéticos aprovecharon algunos grupos de emigrantes rusos que vivían en el exilio checoslovaco. Los agentes contratados se fueron posteriormente a Francia, Yugoslavia y EE.UU.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Moscú solía enviar a Checoslovaquia a espías que vivieron en el país bajo nombres y biografías falsas. Otra forma de penetración en el mundo democrático representaron, por ejemplo, los tristemente famosos "Rodolfos", agentes soviéticos que incluso con la ayuda oficial de autoridades checoslovacas pasaron a España durante el período de la Guerra Civil de 1936 al 1939.

Oleg Kalugin confirma que los agentes legales e ilegales actuaron con mucho éxito en Polonia y Checoslovaquia, tanto antes como después de la Segunda Guerra Mundial. Los servicios de inteligencia checoslovacos subestimaron con anterioridad a 1938 el peligro en este ámbito de las actividades soviéticas. Sin embargo, también cayeron en el mismo error los servicios de inteligencia en otros países democráticos de Europa y América.

Adolf Hitler
Durante la ocupación hitleriana de la antigua Checoslovaquia, los servicios de inteligencia checos y sus colaboradores pasaron por una verdadera prueba de fuego. La resistencia antinazi checoslovaca, tanto en el país como en el extranjero, representó una de las cumbres de los militantes democráticos del Estado desmembrado.

Después de la reanudación de la República Checoslovaca, en el verano de 1945, los comunistas ganaron influencia decisiva en el sector de seguridad que aprovecharon para imponer el carácter bolchevique en todos los servicios de seguridad. Al mismo tiempo, el país se convirtió en un baluarte estratégico, de dónde los soviéticos enviaban legalmente a sus agente al Occidente.

Tras febrero de 1948, cuando los comunistas realizaron, bajo la máscara de un respeto hipócrita a las normas de democracia formal, un golpe de estado, el recientemente establecido régimen totalitario comenzó amplias purgas contra los agentes de orientación democrática. Los comunistas no vacilaron en recurrir a torturas, chantaje, liquidaciones físicas y ejecuciones.

Muchos miembros de los antiguos servicios de inteligencia del régimen democrático trataban de combatir el sistema totalitario, pero en el contexto internacional de la época fue una lucha desigual, que a mediados de los años 50 finalizó con la eliminación definitiva de todos los sectores democráticos.

Stalin
Después de la muerte de Stalin, en 1953, Moscú llegó a la conclusión de que la lucha con el capitalismo sería un asunto a largo plazo. Por lo tanto, los espías de los servicios de inteligencia de los países del bloque soviético recibieron nuevas tareas: penetrar en los sectores políticos, económicos, gubernamentales, policiales y militares de Occidente.

La reorganización de estas entidades en la antigua Checoslovaquia se efectuó bajo la batuta del ministro del Interior, Rudolf Barák. En el repetorio de espionaje aparecieron, entre otras formas, secuestros de ex ciudadanos checoslovacos y de extranjeros, residentes en los países vecinos. Se sabe que hasta 1961 se realizaron unos 20 secuestros.

Hasta la primavera de 1968, los servicios de inteligencia checoslovacos estaban entre los colaboradores más estrechos de las semejantes organizaciones soviéticas, sobre todo la KGB y el contraespionaje militar, GRU.

Sin embargo, después de la ocupación soviética de Checoslovaquia en agosto de 1968, los servicios de espionaje registraron un nuevo cambio. La mayoría de los oficiales fueron tildados como "revisionistas", es decir, adversarios del comunismo dogmático, y despedidos del Ministerio del Interior. Sólo permanecieron en servicio los oficiales de rígida orientación bolchevique y con menores capacidades profesionales.

El proceso de la reorganización del sector y de la educación de nuevos cuadros profesionales duró desde 1969 hasta 1979. Cabe destacar que esta vez no se repetían los años 50. Bolcheviques convencidos y entusiastas fueron muy pocos, aunque nuevamente nuevo se servía a los intereses de Moscú. Esta situación duró hasta noviembre de 1989.

Hace dos años, un equipo de expertos de EE.UU. trató de responder a la pregunta, ¿cuáles de los servicios de inteligencia fueron los más exitosos durante la Guerra Fría? El ya mencionado Oleg Kalugin respondió que Occidente fue cinco veces más exitoso que Moscú y sus satélites. Se sostiene que esta correlación corresponde a la realidad.

Autor: Vít Urban
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